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jueves, 6 de enero de 2011

MENDIGO

Si te detienes un momento delante del mendigo que pide en la calle principal de la ciudad verás que su cartel reza:

"una limosna para este povre mendigo que por ser manco no puede travajar".

Ya al final de la tarde el mendigo, con un solo brazo, dobla trabajosamente el cartón donde está escrito su mensaje. Una vez doblado, y solo entonces, descubre su brazo oculto dentro de la chaqueta, lo mete por la manga, recoge sus bártulos y se va. Muchas veces he pensado en ese gesto, en lo trabajoso de la acción de doblar el cartel con un solo brazo. Solo puede haber una explicación. El mendigo, farsante, sí, al menos desea conservar la magia de su personaje hasta el último momento.

viernes, 29 de octubre de 2010

SENTIMIENTOS

La han abandonado junto al contenedor de basura, al lado de una caja de trastos inservibles. Es una lamparita de estudio, muy vieja y antigua. Su dueño la bajó esa tarde. Ni siquiera se percató del cielo nublado. Va a llover.


Está lloviendo. La posición de la lámpara, encorvada sobre sí misma, le da un aspecto cabizbajo, triste, solitario, somnoliento, abandonado. Las gotas de lluvia caen sobre ella y al resbalar por el borde metálico se confunden con las lagrimas de un recién jubilado a quien ya no le queda nada en este mundo y que tras años de trabajo es despedido. ¿Eso es todo? ¿Adiós y gracias? No recuerdo haber dicho gracias.


La escena es iluminada. Casi se puede sentir la humillación de la luz de un nuevo aparato. Ahora ocupa el lugar del viejo trasto una estupenda lámpara articulada, capaz de escupir luz de un millón de watios, comprada en una gran multinacional sueca. Sigue lloviendo. Hace frío. Es de noche. Pero casi parece de día. A través de la ventana, de donde proviene la claridad, se ve al antiguo dueño estudiando.


De pronto un ruido atronador. El camión de la basura se para. Primero descarga el contenido del contenedor en su interior. Luego el basurero tira la caja de trastos. Por último vacila un momento al ver la lámpara. Se vuelve hacia la ventana buscando el origen de la luz. Y luego, casi sin pensar, toma la lámpara y la arroja hacia las fauces trituradoras del camión. Un solo sentimiento fugaz. Lástima. Y un pensamiento que ya está olvidado. ¿Cómo sentir pena? La nueva lámpara es mejor y estos cacharros no tienen sentimientos ni conciencia.

viernes, 15 de octubre de 2010

DIAS SENCILLOS

"Duele... mucho" "Y más que te va a doler". El niño mira a su madre. Y después mira la enorme herida que tiene en su pequeña rodilla. La madre desinfecta con un algodoncito empapado en alcohol. La madre suspira, el hijo solloza. Este vuelve a mirar a su madre y después la enorme herida. Y cierra los ojos. Piensa en el momento del golpe, en el raspón contra el suelo y sonríe por un momento. En el fondo ha sido un buen día. Entonces vuelve a sollozar. "Duele... mucho".