ATENCIÓN

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viernes, 29 de octubre de 2010

SENTIMIENTOS

La han abandonado junto al contenedor de basura, al lado de una caja de trastos inservibles. Es una lamparita de estudio, muy vieja y antigua. Su dueño la bajó esa tarde. Ni siquiera se percató del cielo nublado. Va a llover.


Está lloviendo. La posición de la lámpara, encorvada sobre sí misma, le da un aspecto cabizbajo, triste, solitario, somnoliento, abandonado. Las gotas de lluvia caen sobre ella y al resbalar por el borde metálico se confunden con las lagrimas de un recién jubilado a quien ya no le queda nada en este mundo y que tras años de trabajo es despedido. ¿Eso es todo? ¿Adiós y gracias? No recuerdo haber dicho gracias.


La escena es iluminada. Casi se puede sentir la humillación de la luz de un nuevo aparato. Ahora ocupa el lugar del viejo trasto una estupenda lámpara articulada, capaz de escupir luz de un millón de watios, comprada en una gran multinacional sueca. Sigue lloviendo. Hace frío. Es de noche. Pero casi parece de día. A través de la ventana, de donde proviene la claridad, se ve al antiguo dueño estudiando.


De pronto un ruido atronador. El camión de la basura se para. Primero descarga el contenido del contenedor en su interior. Luego el basurero tira la caja de trastos. Por último vacila un momento al ver la lámpara. Se vuelve hacia la ventana buscando el origen de la luz. Y luego, casi sin pensar, toma la lámpara y la arroja hacia las fauces trituradoras del camión. Un solo sentimiento fugaz. Lástima. Y un pensamiento que ya está olvidado. ¿Cómo sentir pena? La nueva lámpara es mejor y estos cacharros no tienen sentimientos ni conciencia.

miércoles, 20 de octubre de 2010

NIÑO ESCLAVO

El niñito inocente toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. De vez en cuando mira la enorme puerta metálica de acceso a la nave. Tiene un plan al que lleva dando vueltas durante varios días y hoy lo pondrá en práctica. Mientras debe seguir trabajando en esa zapatilla. En su cabeza repasa mentalmente las acciones. Su estrategia es simple, pero esta se basa en la rapidez y en el efecto sorpresa, debe ser preciso. Y de pronto los grandes portones se abren y el hombre entra con las bolsas de la comida para él y el resto de los infantes trabajadores. El niñito aprieta con fuerza las tijeras, mira de reojo, y, cuando el hombre pasa a su lado salta abalanzándose sobre el gigante y le clava el arma improvisada en el cuello. La sangre salpica al chico en la cara. El hombre cae. El pequeño grita a sus compañeros. Estos no saben que hacer y en un principio sólo observan la escena sorprendidos. Y es cuando comprenden lo que acaba de ocurrir cuando tiran sus herramientas y salen corriendo. El niño con la cara salpicada es el último en salir. Mira con desprecio al hombre que permanece tendido escupiendo sangre, aun con los ojos abiertos, y en ellos una dulce mirada que el niño no es capaz de descifrar. El niño sale. Al principio debe esperar a que sus ojos se acostumbren a la luz. Pero cuando consigue ver el nuevo mundo que tiene ante si este se derrumba con violencia. Una imagen apocalíptica bombardea sus retinas. Y aunque aun es un niño es capaz de comprender, ahora y solo ahora, la dulce mirada del hombre. Ya no hay mundo fuera. La guerra lo ha destruido todo y ya no queda nada. El hombre, ahora moribundo y que va a dejar de ser hombre, prefirió mantener a los niños esclavos y con esperanzas de libertad que liberarlos a un mundo inexistente y desaparecido. Quizás no fue la mejor solución, pero fue una de tantas. El niñito gira sobre si mismo, regresa dentro de la nave, pasa al lado del hombre, que ya no es hombre, se sienta en su sitio, se limpia la sangre de la cara con la manga raída de su camiseta, toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. Debe seguir trabajando en esa zapatilla.


lunes, 23 de agosto de 2010

DEPENDENCIA

Dependíamos el uno del otro. Aprendí a sonreír con tus miradas, a cerrar los ojos con tus besos, a existir con tu presencia, a añorarte con tu ausencia. Ahora que no estás, que te has ido para siempre, no sonrío, no cierro mis ojos, no existo, no añoro. La separación llegó con tu muerte y mi muerte con la separación. Dependíamos el uno del otro. Y si no nos tenemos simplemente morimos. A veces la muerte sólo trabaja una vez y se lleva dos vidas.

lunes, 16 de agosto de 2010

REALIDADES

El protagonista de mi relato me mira con odio.

"Me has jodido, por qué tuviste que inventar eso sobre mi, darme esa vida. Has jugado conmigo. Me has hecho sufrir. Yo solo quería ser normal. ¿Por qué lo has hecho?"

"Lo normal no es interesante. No es digno de ser relatado"

"Y el dolor... ¿es interesante? Y la venganza ¿lo es? Porque de ser así voy a incluirte en el relato. Ambos vamos a ser protagonistas."

Y el pánico, mi pánico, da paso a la resignación. La historia parece buena y promete. Alguien debe protagonizarla, qué mas da quien lo haga.