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jueves, 11 de octubre de 2012

VÁMONOS

"Se acabó". Y yo sigo mirando hacia atrás. "No puedes volver". Y yo pienso en todo cuanto queda allí. "Déjalo, no perteneces ya a ese mundo". No me quiero ir, queda tanto aún por hacer... aunque en realidad se que no tengo nada más que hacer y deseo con todas mis fuerzas unas horas más, unos minutos, aunque sea unos segundos. "Es tarde, debemos partir". Pero yo no quiero, imploro quedarme, pero no es suficiente. Poco a poco voy evaporándome, desapareciendo. Ya no estoy. "Vámonos". Y yo me voy con quien me habla sin saber ni tan si quiera quién es.

sábado, 24 de septiembre de 2011

DISPARO

El hombre me encañona con el arma y me obliga a cavar. Yo grito, le imploro que me deje, le pregunto por qué me hace esto. Pero él hace caso omiso a todo cuanto le digo y me hace entender que si no trabajo me meterá una bala en la cabeza. Así que decido hacerlo. Cavo. Al menos con este tedioso trabajo postergo ese último momento, el sonido atronador de una pistola escupiendo plomo y pólvora. Mientras saco tierra del hoyo mis pensamientos vuelan rápido. Primero pienso en lo cruel que es obligar a un hombre cavar su propia tumba. Nadie debería hacerlo. Luego pienso en los motivos que empujan a un hombre a poner punto y final en la vida de otro hombre. Después pienso y trato de encontrar sin éxito los motivos que me han llevado a esta situación. Por último pienso en lo costoso que es hacer un agujero en el suelo duro, en el medio de la nada. Llevo largo rato trabajando y cavando y el hombre me dice que ya basta. Sigue apuntándome. Me dice que salga del agujero. Yo lo hago, y una vez fuera cierro los ojos y espero el sonido que precede a la muerte. Suena el disparo, y luego escucho un ruído sordo. Cuando abro los ojos comprendo lo que ha ocurrido. El hombre se ha disparado en la sien y ha caído redondo dentro del agujero, ya muerto, como si esta complicada acción hubiera sido ensayada al menos mil veces. Ahora debo cubrir el agujero. Resignado tomo las herramientas y empiezo a trabajar de nuevo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

LA DECISIÓN

El joven mira las dos cartas de rechazo de la escuela de arte, donde tiene depositadas todas sus esperanzas, en una de sus manos y las dos cápsulas de cianuro, una por carta, en su otra mano. Cierra los ojos, decidido a tomárselas. Y por un momento la humanidad respira tranquila. Pero al momento siguiente el joven decide posponer su suicidio. Lo hará más adelante. Quizás hasta encuentre alguien con quien compartir la cápsula de sobra. La humanidad tiembla.

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL CAÍDO

Trabajo realizado a partir del poema de Poe "El Cuervo" 
Que se tome como un homenaje, humilde homenaje...
Se incluye otro homenaje y textos en inglés y castellano...


Aquí estoy, en el suelo. Miro al frente y trato de levantarme. Algo me lo impide. Algo que hace tan solo un rato me rondaba por el cuarto. Yo leía, sin pensar. Fuera de mí, en el cuarto, silencio. ¿Música? El silencio, loco ser que tranquiliza y, además, enloquece. Que grita, y le escuchas, y de pronto calla porque alguien habla.


Yo leía, y el silencio gritaba. De pronto calló porque alguien me susurró al oído. No era el silencio, nadie se encontraba en el cuarto, pero el susurro, que no claro, sí era evidente. Abandoné la lectura por un momento, no asustado, no molesto, quizás algo curioso y tranquilo.

La bombilla hizo un extraño. Tembló, y de pronto murió, sumiendo el cuarto en penumbra. Y con su muerte se hizo también la irrealidad. Más aún cuando me levanté y encendí una vela porque nada es lo mismo si se ilumina con su caprichosa luz. La llama baila; y al son de su música, la sombra de los objetos. Todas las cosas reales murieron. Alguien susurró de nuevo en mi oído, pero al girarme, solo vi una habitación vacía de objetos vivos. Pero allí, en la oscuridad, donde mi vela no podía iluminar, se dibujó una sonrisa, pude verlo con claridad. Una sonrisa que se ocultaba en los huecos muertos donde no podía llegar la luz.

Me encuentro tirado en el suelo. No puedo moverme. El ser que me lo impide está dentro de mí. Antes me observaba, desde siempre lleva observándome, y yo intuía su presencia mucho antes de que se abalanzara sobre mí.

No puedo moverme. Nadie puede socorrerme ya. Si no me hubiera desterrado hace tiempo y no hubiera elegido esta vida solitaria, tal vez alguien me echaría de menos, y, al buscarme, me encontraría aquí tirado. Alguien que sabría que hacer conmigo. Pero nadie tengo ya fuera de estas cuatro paredes. Asumo eso.

Comienzo a leer mentes. La del cartero extrañado de que nadie recoja la correspondencia. La de una vecina que ahora descubro que me miraba en el ascensor de reojo y con cierta lascivia y que piensa que me habré ido de viaje porque hace tiempo que no me ve. La de mi casero que es feliz porque tiene una cuenta corriente donde domiciliar el alquiler por mucho tiempo y porque su inquilino no protesta aunque las bombillas dejen de iluminar, o aunque un oler fétido, como el de un cadáver en descomposición, comience a bañarlo todo... ¿y ese olor?

Desde el suelo, veo el techo del cuarto, no puedo moverme. Al percibir ese olor comencé a verlo claro. Los recuerdos son cada vez más nítidos. Recuerdo unos ojos vidriosos ante un espejo, convulsiones, la caída hacia atrás, el golpe, la sensación del bote de somníferos rodando por mi mano... Deseo con fuerzas que alguien me encuentre, y de algún modo me libre de este suplicio que es la conciencia en un cuerpo muerto, castigo de una muerte prematura, de un suicido.




http://youtu.be/hAdrEQg71_g


Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


el cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!




The Raven

[First published in 1845]
Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`'Tis some visitor,' I muttered, `tapping at my chamber door -
Only this, and nothing more.'

Ah, distinctly I remember it was in the bleak December,
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow; - vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow - sorrow for the lost Lenore -
For the rare and radiant maiden whom the angels named Lenore -
Nameless here for evermore.

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
`'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door -
Some late visitor entreating entrance at my chamber door; -
This it is, and nothing more,'

Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
`Sir,' said I, `or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you' - here I opened wide the door; -
Darkness there, and nothing more.

Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the darkness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, `Lenore!'
This I whispered, and an echo murmured back the word, `Lenore!'
Merely this and nothing more.

Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
`Surely,' said I, `surely that is something at my window lattice;
Let me see then, what thereat is, and this mystery explore -
Let my heart be still a moment and this mystery explore; -
'Tis the wind and nothing more!'

Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately raven of the saintly days of yore.
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door -
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door -
Perched, and sat, and nothing more.

Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
`Though thy crest be shorn and shaven, thou,' I said, `art sure no craven.
Ghastly grim and ancient raven wandering from the nightly shore -
Tell me what thy lordly name is on the Night's Plutonian shore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'

Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning - little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door -
Bird or beast above the sculptured bust above his chamber door,
With such name as `Nevermore.'

But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only,
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing further then he uttered - not a feather then he fluttered -
Till I scarcely more than muttered `Other friends have flown before -
On the morrow he will leave me, as my hopes have flown before.'
Then the bird said, `Nevermore.'

Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
`Doubtless,' said I, `what it utters is its only stock and store,
Caught from some unhappy master whom unmerciful disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore -
Till the dirges of his hope that melancholy burden bore
Of "Never-nevermore."'

But the raven still beguiling all my sad soul into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore -
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
Meant in croaking `Nevermore.'

This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom's core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion's velvet lining that the lamp-light gloated o'er,
But whose velvet violet lining with the lamp-light gloating o'er,
She shall press, ah, nevermore!

Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
`Wretch,' I cried, `thy God hath lent thee - by these angels he has sent thee
Respite - respite and nepenthe from thy memories of Lenore!
Quaff, oh quaff this kind nepenthe, and forget this lost Lenore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'

`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil! -
Whether tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted -
On this home by horror haunted - tell me truly, I implore -
Is there - is there balm in Gilead? - tell me - tell me, I implore!'
Quoth the raven, `Nevermore.'

`Prophet!' said I, `thing of evil! - prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us - by that God we both adore -
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels named Lenore -
Clasp a rare and radiant maiden, whom the angels named Lenore?'
Quoth the raven, `Nevermore.'

`Be that word our sign of parting, bird or fiend!' I shrieked upstarting -
`Get thee back into the tempest and the Night's Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken! - quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!'
Quoth the raven, `Nevermore.'

And the raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming,
And the lamp-light o'er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
Shall be lifted - nevermore!

jueves, 8 de septiembre de 2011

SIN RECUERDOS

Crucé el paso de peatones. Al llegar a la otra acera fui consciente del ruido sordo tras de mi seguido del alboroto causado por gente alterada y un acelerón brusco, como si se tratara de un coche dándose a la fuga. Al girarme me vi a mi mismo tirado en el suelo rodeado de curiosos, atropellado por ese coche que se saltó el semáforo en rojo. Luego fue cuando vi la luz. Y después... de después ya no recuerdo nada más...

lunes, 5 de septiembre de 2011

APUESTA GANADA

Apostamos quién era capaz de aguantar más en la vía antes de que pasara el tren. Tonto, tu dinero estaba perdido desde el momento en que yo tenía la intención de suicidarme y tú no. Mientras alguien levanta mis restos esparcidos por las vías pienso que han sido los 5 centavos mas fáciles de ganar de toda mi vida.

sábado, 16 de julio de 2011

JUEGOS MACABROS

Miro fijamente sus ojos. Hago un esfuerzo grande. Mis párpados tiemblan y entonces parpadeo. He perdido. Cambiamos de juego. Mantengo mi cara completamente inmóvil. Pero una especie de espasmo en mi mejilla me hace perder de nuevo. Un último juego. El de a ver quien se ríe más tarde es mi especialidad. Comienza la partida. Pero al rato suelto una enorme carcajada. Me rindo. Lo cierto es que jugar con mi contrincante es todo un reto que llama a la superación. Pero está muerto, y así no hay manera. Siempre con ese rictus imperturbable que ni parpadea, ni se mueve, ni sonríe. Guardo el cadáver en la bolsa negra y la meto en el frigorífico. Sólo faltaba que a parte de perder siempre me infectara la casa de ese pútrido olor.

domingo, 10 de julio de 2011

EXTRAÑAS SENSACIONES

Estaba convencido de que no le importaba nada su decisión. Estaba convencido de que ni un poco le dolía. Entonces... por qué ese dolor en el pecho... a qué venía esa extraña sensación... Lo descubrió cuando comenzó a dolerle también su brazo. Su corazón había decidido ir en contra de lo que él quería -sentía- y se estaba parando.

domingo, 13 de marzo de 2011

TAMPOCO ES MI FIESTA NACIONAL

El toro mira al torero con desprecio, ese fantoche vestido de colores brillantes. Sabe que la corrida ha sido buena y habrá trofeos tras la muerte. Observa la sangre derramada en el suelo e intuye que aún caerá más. El público la quiere, el público grita por conseguirla. Es el momento, el momento final, su momento, todo se decidirá aquí. Mira de reojo al público casi enloquecido y avanza hacia el pelele con su telita roja y su espadita, la esquiva con un precioso giro y le clava su cuerno en la arteria femoral cuando pasa por su lado. La entrada ha sido perfecta y la sangre fluye, la muerte llegará en breve. El público calla por un momento. Acto seguido ruge con ferocidad. El tendido al completo vitorea al héroe de la tarde y solicita para él al presidente las dos orejas y el rabo del torero tendido ahora en el suelo.

sábado, 12 de marzo de 2011

EL ENTIERRO DE LA SARDINA

La mujer contempla el cadáver de su marido dentro del ataúd y es incapaz de derramar una sola lágrima, es más, casi debe contener una leve sonrisa. Se siente turbada, no hay motivo para esos sentimientos, y se sorprende por no poder llorar, a pesar de que es lo que lleva haciendo toda su vida. Junto a la caja, en cambio, hay una mujer de luto que llora sin consuelo, en silencio, pero evidente, en ese punto justo entre lo pertinente y lo no escandaloso que sólo logran las profesionales. Esta mujer no cobrará por sus servicios esta noche, hoy lo hace como un favor personal. La dama vestida de negro llama la atención del hijo de la mujer, demasiado pequeño para comprender lo que ocurre, que pregunta "Mama, quién es esa señora". Ella le responde "Es una plañidera". El niño curioso vuelve a preguntar "Qué es una plañidera". "Una plañidera... eso es la profesión de tu madre".

jueves, 10 de marzo de 2011

ME QUEMA

Mi corazón está ardiendo. Mi corazón se quema. Y tú no estás. Mi corazón está envuelto en llamas y yo, mientras, pienso en ti. Te echo en falta. Te pienso. Te siento. Te añoro. Grito a tu ausencia y nadie me responde. Casi me asfixio. Duele y tú no estás. Soy consciente de que esto será mi fin. Me doy cuenta de que si estuvieras, si fueras, yo estaría salvado. No necesitaría más. Aliviarías mi sufrimiento. Pero conforme pasa el tiempo se va haciendo demasiado tarde. Excepto el último instante nunca es demasiado tarde. Pero ese instante está cada vez más cerca. Ya ha pasado mucho tiempo. Me arde, me quema, me abrasa. Mi corazón chilla y mi boca le da voz. Lloro, grito. Pero ya nada se puede hacer. Me muero. Y la habitación, envuelta en llamas, se consume y se muere también. Y después lo hará la casa. Y después lo hará todo el vecindario. Lo siento. Lo siento, mama, lo siento. No debí haberte robado las cerillas y no debería haber jugado con ellas. Lo siento. ¿Podrás perdonarme? ¿Me perdonarás el haber quemado todo?

miércoles, 9 de marzo de 2011

IN EXTREMIS

Todo ocurrió tan rápido que tardó varias horas en darse cuenta de que ya estaba muerto.

miércoles, 2 de marzo de 2011

MORIR

Sé como voy a morir, sé como quiero morir. Sólo espero que la muerte no se me adelante.

martes, 1 de marzo de 2011

RENCOR

Te odio, no te soporto. No siento más que desprecio absoluto por ti y por tu persona. Te aborrezco por lo eres, por lo que haces, por como te compartas, por lo que representas. Eres pequeño, ínfimo, ridículo, despreciable. Quiero que sufras, quiero que sientas dolor, que sientas asco, nauseas, quiero que te destruyas, quiero que mueras. Y sobretodo quiero que te arrepientas. Y por eso te beso.

lunes, 28 de febrero de 2011

SIN RUMBO

Llevo conduciendo durante horas. Después de discutir con ella salí con mi coche a perderme en la noche, conduciendo sin rumbo. Ya ni se donde estoy. Acabo de darme cuenta de algo, es la tercera vez que paso por este punto, sin embargo no tengo la sensación de estar dando vueltas ni de haber dado ningún giro. Sea como fuese está claro que me he perdido. Y de pronto oigo sirenas de ambulancias, bomberos y policías. Allí al fondo lo veo. Hay fuego y luces de colores. Las luces provienen de los coches oficiales, el fuego de un coche accidentado. Detengo mi vehículo delante del siniestro para satisfacer mi morbosa curiosidad. Al principio no comprendo nada. Poco a poco voy entendiendo. Es mi coche el que está envuelto en llamas y soy yo el que está tendido en el suelo a unos pocos metros del coche y a quien tratan de reanimar los enfermeros de la ambulancia. Arranco de nuevo mi coche sabiendo que todas esas maniobras de reanimación no servirán de nada y continuo conduciendo.

jueves, 24 de febrero de 2011

SERIE NEGRA

Como fuente de inspiración para este cuento he usado el tema Serie Negra del grande Nacho Vegas extraído del disco El Tiempo de las Cerezas, grabado con el otro grande Enrique Bunbury


1.
Es algo que se viene repitiendo prácticamente desde siempre. Hace ya meses que no escribo una sola historia. Si bien en mi vida se han alternado periodos de productividad eficaz y eficiente con periodos de absoluta ausencia creativa, estos últimos son muchos más largos y desesperantes. Solo hay que mirar el folio en blanco sobre mi escritorio para averiguar que toca. Escribo unas cuantas palabras vacías, sin sentido, banales. Hago una bola con la hoja donde he escrito y que llena ya una papelera, que llena ya un cubo, que llena ya un contenedor, que llena ya un camión de la basura, que llena ya un vertedero... montañas y montañas de falta de inspiración. Me rindo por hoy. Es la hora en la que en las calles de la ciudad solo hay gente rendida y decido unirme a ellos. Y es uno de ellos el que me da la idea. "Existe un hombre, un investigador, que resuelve casos, que encuentra cosas, si has perdido algo, aunque sea la inspiración, él la encontrará". Sonrío. Asiento. No se qué mezcla extraña he bebido esta noche y qué me hace pensar que es una estupenda idea ponerme en contacto con ese hombre.
2.
El investigador, se hace llamar Nacho, ha sido lo suficientemente sensato como para citarme por la tarde. Traté de cerrar la contratación de sus servicios anoche en cuanto supe de su existencia, le hablé de mi problema, de qué servicios solicitaba. Y él me respondió que me hablaría de sus condiciones al día siguiente, hoy, por la tarde, ahora, en una cafetería, aquí, delante de un café bien cargado, éste. "Está seguro de que quiere que me encargue de su caso". Asiento avergonzado. Ya sereno jamás pensé en que hubiera aceptado, es más, llegué a pensar de que todo formaba parte de un mal sueño, pero el caso es que está aceptando y ahora deseo ver a donde nos conducirá todo esto. "Mis condiciones son simples. Usted pagará todos los gastos derivados de la investigación, los grandes gastos se los consultaré pero seré yo quien decida que es un gran gasto. Al final de la investigación le haré una factura en base a lo costoso de mis pesquisas. Si decide abandonar la investigación yo decidiré cuanto cobrar. Y por último, lo más importante, no cometo actos delictivos, es más, si descubro que usted está metido en algo turbio mi obligación será denunciarle, y dependiendo de lo que sea tenga por seguro que lo haré. ¿Está todo claro?". Vuelvo a asentir, se ha explicado a la perfección. "No se preocupe, ahora, su inspiración, su musa, esta perdida, pero si existe, si alguna vez existió, la encontraré. Y cuídese, se le ve muy deteriorado".
3.
"¿Se burla de mi?". Nacho me mira fijamente. En su mano hay un expediente con una pegatina, y en ella está escrito mi nombre y el de una mujer a la que no soy capaz de ponerle cara. Niego con la cabeza como respuesta a su pregunta. "¿En serio no sabe que es lo que vengo a contarle? ¿Qué es lo que voy a mostrarle en este expediente?". Vuelvo a negar. "Claro que no, si lo supiera sería usted un tarado. En ese caso, esto es lo que hay, tengo dos noticias para usted. Una es mala, y la otra es peor. La mala es que su antigua alma, su musa, su inspiración, ya no le pertenece, está muerta. La otra seguro que la ha adivinado. Ahí fuera ya le están buscando. Era mi condición, si descubría que estaba metido algo oscuro le denunciaría". Por un momento le miro sin comprender. Luego comprendo de que me acusa. Por último comprendo que tiene razón y varios recuerdos vuelven a mi cabeza y se instalan en ella como si siempre hubieran estado allí. Mi alma, mi musa, mi inspiración está muerta y yo la maté. La maté porque eso hace que pueda seguir escribiendo, pero ese efecto dura poco y de pronto me veo sumergido en ese periodo largo de improductividad. Nacho lo ha descubierto. Y me ha denunciado. "Ya ha tenido tiempo de asimilar la noticia. Ahora debe irse, la policía está al llegar. Yo solo lo denuncio, pero no me pagan por entregarle, no olvide que es usted quien me debe pagar". Le entrego el sobre con sus honorarios, salgo por la ventana, aun en el alféizar le escucho decir "Ha sido un placer hacer negocios con usted" y huyo por la escalera de incendios.
4.
Llevo días alojado en un sucio hostal. Como mobiliario una cama y un escritorio y una papelera llena de bolas de papel arrugado con escritos vacíos de contenido. Me sorprende ser aun un proscrito ya que no he variado en nada mis costumbres. Solo he cambiado el lugar donde duermo y escribo. Pero sigo durmiendo y llenando mundos de bolas papel sin nada decente escrito en ellos y por las noches sigo consumiéndome en los mismos lugares en los que lo hacía antes. Si bien es cierto que a esas horas todo el mundo se consume y nadie sería capaz de reconocerme. Ahora mismo estoy sentado en uno de esos lugares rodeado de perdedores que lo son tanto como yo. Casualmente escucho decir al camarero que va a cerrar el bar unos días, que va a reformarlo. Decido proponerle un negocio. Antes de que cierre quiero organizar una fiesta en ese sitio, la noche antes del cierre, una fiesta privada. Estoy cansado de esta situación y he decidido tomar las riendas. Necesito volver a escribir.
5.
Llevo días organizando la fiesta. Asistirán todas las personas a las que he amado, todas las que alguna vez me han servido de inspiración, mis musas, hombres y mujeres. Todos. Pensé en usar el teléfono para llamarlos e invitarlos. Sin embargo me pareció mucho más romántico escribir esas invitaciones. Son las primeras hojas en semanas que no acaban en la basura y eso me alegra. Todas son enviadas por correo ordinario. Hoy es el día. Decido llegar tarde a mi propia fiesta, ser el último en llegar y verlos a todos ya reunidos. Cuando entro en el bar no veo a nadie. Asistirán toda las personas a las que he amado... me pregunto por un momento si de verdad he amado a alguien alguna vez. Todos están muertos. Murieron por mis manos. Ese acto me servía de inspiración. Se que la policía está al llegar. Y allí les espero. Tengo unas cuantas hojas de papel y un bolígrafo. Mientras espero escribo como un loco esta historia. Por fin ha vuelto mi inspiración. Pero quién ha muerto para que vuelva a crear. Al escuchar a la policía atrincherandose en la puerta del local lo entiendo. Aún no he matado a nadie pero alguien va a morir esta noche. La policía me pide que salga, pero no puedo hacerlo, he de resistirme, aun estoy escribiendo. Amenazan con disparar si no salgo, disparad si queréis, pero yo sigo escribiendo.



http://www.youtube.com/watch?v=F0vtT3aJaU4

sábado, 19 de febrero de 2011

DORMIR, SUFRIR, MORIR

Dormir es un cuento que ya fue publicado, sin embargo forma parte de una especie de trilogía (tan de moda de un tiempo a esta parte) así que lo recupero y lo uno a los otros dos cuentos que de algún modo lo completan, o se autocompletan...

Dormir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, y se hacía realidad por que era ella quien trataba de despertarlo.


Sufrir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, ya que era el dolor de su muerte quien trataba de despertarlo.


Morir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, ya que era el dolor de su ausencia quien trataba de despertarlo.


jueves, 17 de febrero de 2011

OJOS VENDADOS


Cuento que surge de trabajar con la letra de la canción “Ojos Vendados”
de Loquillo y los Trogloditas

El dolor en sus muñecas era casi insoportable. Las ataduras que le aprisionaban las manos eran muy fuertes. Forcejeó. Pero eso empeoraba la situación, el roce con la carne de las cuerdas destrozaba la piel y se hundían en ella.
Sus ojos estaban vendados. Lo habían estado durante horas.
Trató de recordar, de hacer memoria. La carretera vieja. Un coche en la cuneta. Tres sombras haciendo señas para que se detuviera. Al bajar del vehículo, una paliza. Golpes hasta que quedó reducido en el suelo. Unas esposas. Unas cuerdas. Una capucha. Su cuerpo tendido en el maletero de su propio coche. Y un solo recuerdo, un solo pensamiento. Su amada le esperaba en el pueblo siguiente, en la plaza, en el banco bajo el nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. Y luego nada más. No recordó nada más.
Alguien entró en la sala. Al tratar de balbucear un grito de dolor sintió la mordaza. Gritó. Pero la tela en su boca amortiguó los sonidos hasta hacerlos casi inaudibles. Sintió entonces el dolor agudo en el estómago. Alguien acababa de golpearle con fuerza, tal vez la misma persona que había entrado en la sala.
Otras dos personas entraron después. Lo supo por que lo hicieron conversando despreocupadamente.
-Ha despertado.
-Estupendo. Daremos una lección a este violador de mierda.
El reo escuchó este breve parafraseo y trató de darle coherencia en su cabeza. No fue capaz. Un instante después recibió un fuerte golpe por encima del cuello. Cayó al suelo. Trató de gritar. Más golpes. En las piernas, en la cabeza, en el estómago. Pero las cuerdas y la mordaza estaban demasiado fuertes. No pudo defenderse. Se abandonó en el suelo y soporto como pudo el dolor, preguntándose por qué. Por qué estaba ocurriendo todo aquello. No obtuvo respuesta. Sus captores golpeaban en silencio y su cabeza, saturada, sólo le traía a la mente el recuerdo de su amada.
Lo levantaron. Una luz cegadora golpeó sus ojos. Le habían quitado la venda. Pero no pudo ver nada. Demasiadas horas sumido en la más profunda de las oscuridades. Demasiados golpes en la cara habían hinchado su rostro. Los captores sabían esto cuando le retiraron el trapo.
-Ahora vas a saber que se siente, hijoputa.
Y sintió como le bajaban los pantalones. Sintió como en poco tiempo había caído en un estado de indefensión y apenas podía poner resistencia. Sintió como le daban la vuelta y como lo colocaban de cintura para arriba sobre una mesa.
-Espera, quiero oírle gritar. Aquí no le escuchará nadie. Quiero oírle gritar.
Le quitaron la mordaza. La boca le dolía, se sentía los labios hinchados y la lengua completamente seca. Trató de balbucear algo, pero aún no podía. Ni siquiera sabía que decir.
Sintió algo duro y frío en su piel. Pudo adivinar que era como una barra metálica, o quizá un rastrel de madera, en su culo. Trató de resistirse al comprender que iba a pasar. Pero dos de sus captores lo retenían con fuerza. La barra se introdujo dentro suyo y esta vez sí pudo emitir un sonido: un grito desgarrador.
Unos minutos después ya no sentía la barra, aún así siguió gritando, dejándose la voz en cada aspiración. No sentía la barra, sólo sentía dolor y humillación.
-Esto no es suficiente. Quiero humillarlo aún más. Voy a penetrarlo yo, por mi hermana. Lo haré yo.
Sintió un cambio de posiciones en sus captores. El que tenía la barra la tiró al suelo, era metálica, lo supo por el sonido, y se colocó a su lado para asirle con fuerza.
El reo volvió a sentir en su culo una sensación de presión, parecida a la de antes, solo que esta vez más cálida. Quiso gritar más fuerte, mucho más fuerte. Pero esta vez trató de contenerse. Tan solo lloró. En silencio.
-¿Qué se siente, hijoputa, al ser violado? Cabrón de mierda... ¿qué se siente? ¿Le preguntamos a mi hermana?
-¿Por qué me hacéis esto? ¿Por qué? -Y entre sollozos, la última palabra se juntó con un grito. Esto debió excitar al captor. Sintió un liquido resbalando entre sus piernas.
Volvieron a ponerle la venda y la mordaza. Le subieron los pantalones y le dejaron tirado en el suelo. Él siguió llorando, y en su cabeza, el recuerdo de su hermosa chica, esperando, esperándole en la plaza, en el banco debajo del nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. El reo inocente había perdido toda esperanza. Jamás volvería a besar los labios de la mujer que amaba.
Los minutos se enmarañaron con las horas y perdió la noción del tiempo. Estaba inmerso en una gran pesadilla de golpes, y vejaciones, y violaciones, y maltratos, cuando sus captores entraron, discutiendo, en la sala.
-Pero ha tenido que ser él. Mi hermana lo reconoció.
-Pues está claro que se equivocó.
-¿Y que hacemos con éste?
-Le soltaremos. Ni siquiera nos ha visto la cara.
Y de pronto el silencio. Los tres captores miraron al reo, sentado en el suelo, ensangrentado, devolviéndoles la mirada. En un forcejeo había conseguido quitarse la venda y ahora les miraba fijamente.




http://www.youtube.com/watch?v=UWUeJ9SHb2A


martes, 15 de febrero de 2011

INCOMPRESIÓN

Al contemplar mis manos bañadas en tu sangre y al observar el armazón sin vida tendido en el suelo que hacia las veces de tu cuerpo comprendo que todo ha terminado. Que hemos llegado, conseguido, la expresión máxima del amor cuyo culmen ha sido tu muerte y mi destrucción. Pero hemos hecho participes a demasiada gente de nuestro acto y alguien ha llamado a la policía. Un agente está del otro lado de la puerta gritando que abra, cosa que, por supuesto, no hago. En cambio, beso tu cuerpo sin vida como si te besara a ti, aunque se que no estas ahí, sino que ahora existes como un ser atemporal, incorpóreo. Eres completamente libre. Y decido, en el último momento, saltar al vacío por la ventana, justo en el momento en que la policía tumba la puerta. Lo hago por que sé que nadie entendería esta muestra tan brutal de amor y la prisión no era algo que entrara en los planes de ninguno de los dos.

sábado, 5 de febrero de 2011

HELL


100 entradas ya en mi blog... todo empezó con un cuentecito, sentencias, que jamás pensé que fuera a acabar en un escenario. Tiempo después escribí esta piecita, un poco clown, para llevarla a escena y, cosas que tiene esto de la creación, nunca llegó a llevarse a un escenario. Me parece justo que para celebrar estas 100 primeras entradas en mi blog sea precisamente este texto el que ocupe esa entrada número 100. El texto en sí es un poco sartriano (esta palabreja me la he inventado, jejeje) y hay fragmentos que son homenajes y adaptaciones, me parece justo matizar...



Dos niños entran en escena con una marcha fúnebre cantando una canción infantil con un tono muy tétrico “ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras”. Hacen un recorrido por el escenario y terminan de frente al público con el el fin del estribillo de la canción. Miran al público. Comienzan los juegos. Botan una pelota, revuelven, corren, enredan, se tiran del pelo, juegan con el público... En un momento los dos van al centro del escenario y empiezan a pintar en unos folios. Cuatro folios, en cada folio una letra, una letra que formará el título de la pieza teatral y que colgarán en el telón de fondo del escenario: “HELL”.


Una vez terminan los niños dejan de ser niños. Son ya ancianos. Dos ancianos, 1 y 2.


1y2: ¡¡El infierno!!

1: Así que esto es el infierno.

2: Pues no lo esperaba yo así.

1: Es oscuro.

2: Tétrico.

1: Pequeño.

2: Muy pequeño.

1y2: Y ahí hay gente que mira y observa.


Se miran. Se examinan.


1: No estoy nada mal.

2: Alguna arruga quizás.

1: Alguna cana.

2: Postura incorrecta.

1y2: Estoy bien, me encuentro bien.

2: Quizás el cartel esté equivocado. Quizás esto no es el infierno.

1: ¿Por qué pienso eso?

2: ¿Y por qué debería estar aquí?

1: No lo se...

2: Nunca hice nada malo.

1: Un niño modélico.

2: Un adulto ejemplar.

1y2: Un anciano entrañable.


Pasan unos segundos estáticos mirando al frente con la mirada perdida.


1: No creo en dios.

2: ¿Qué?

1: Eso, que no creo en dios.

2: ¿Y eso es motivo para mandar a alguien al infierno?

1: No lo se...

2: Es como que te fusilen por no creer en la dictadura.

1: Puede...

2: Además, sigo sin saber si realmente dios existe, quiero decir: Todavía no lo he visto, ni siquiera me ha juzgado.

1: Existe, claro que existe.

2: ¿Cómo estoy tan seguro?

1: Estoy en el infierno, ahí lo pone. Si hay infierno tiene que haber cielo. Y si hay cielo tiene que haber dios. Es lógico.

2: Pudiera ser... es lógico.


Pasan unos segundos estáticos mirando al frente con la mirada perdida.


1: Luego está lo de Samuel.

2: ¿Qué?

1: Lo de Samuel.

2: Y a qué viene Samuel ahora.

1: Que igual estoy aquí por Samuel.

2: ¿Por Samuel? ¿Qué dices? Si solo era un niño. ¿Qué tendría? ¿Tres años?

1: Cinco.

2: Aún así era un niño.


Aquí se produce un cambio. 1 cuenta la historia desde un personaje anciano y 2 desde un personaje niño. Ambos miran al frente.


1: Recuerdo a Samuel.

2: Lo había pedido de regalo de cumpleaños.

1: Un hermanito.

2: Quiero un hermanito para mi cumpleaños.

1: Para jugar con él.

2: Para quererlo... Y mis padres...

1: (Con voz de adulto exagerada) Que si, que pronto, que ya la cigüeña te va a traer pronto a tu hermanito como regalo de cumpleaños.

2: Y un día llegó.

1: Un tiempo antes de la fecha de mi cumpleaños.

2: Se ve que aunque las cigüeñas son las que marcan el día de tu cumpleaños luego olvidan y no saben mucho de fechas.

1: Samuel, mi regalo de cumpleaños.

2: Mi regalo de cumpleaños.

1: Allí estaba.

2: Gordo.

1: Pequeño.

2: Rechoncho.


Pausa.


1: Pronto me di cuenta de lo pretencioso de mi regalo.

2: Yo era demasiado pequeño y no me podía ocupar de él. De mi regalo.

1: Mis padres debían de hacer todo el trabajo, el trabajo más duro.

2: Así que a pesar de lo que quise ese regalo, de lo que lo quería, de lo que lo había deseado...

1: No podía dejar que mis padres se ocuparan de todo ese trabajo.

2: Y decidí deshacerme de mi regalo ahogándolo en el fondo de la bañera.


Pausa.


1y2: (Como niños) Samuel.


Pausa.


1y2: (Como ancianos) Samuel.

1: Era un niño.

2: No puede ser por eso.

1: Lo hice con buena intención.

2: No puede ser por eso.

1: Quería liberar a mis padres de todo ese trabajo.

2: No puede ser por eso.

1: De hecho no hacían mas que quejarse.

2: No puede ser por eso.

1: Entonces tuvo que ser por lo de no creer en dios.

2: ¿Tú crees?

1: Quizás, no lo se...


Aquí se produce un nuevo cambio. Esta vez 2 cuenta la historia desde un personaje anciano y 1 desde un personaje niño.


1: Recuerdo... yo tenía 13 años. Recuerdo a aquel testigo de jehová que vino a casa.

2: Primero habían sido los de la iglesia evangélica.

1: Sí, pero lo importante...

2: Quince minutos después fueron los mormones los que llamaron a la puerta.

1: Ya pero a lo que iba...

2: Estaba viendo bola de dragón y 17 minutos después, a mitad del capítulo, los de la secta esa vendiendo pasajes para la nave espacial.

1: Vale... Y por último los testigos de jehova.

2: (con voz de adulto forzada mostrando una amabilidad excesiva) ¿Está tu mama en casa?

1: No, por última vez, no.

2: Venía a traerle el último número de nuestra revista...

1: Tiene que liberar a mi madre.

2: ¿Qué? ¿Por qué?

1: Desde que mi madre lee su revista hace muchas cosas raras y... a mi me da miedo. No me gusta nada su religión. Desde que llegó a mi vida no hago más que pensar en cosas... ¿Qué clase de dios hace pensar a los niños incluso cuando no están en el cole?

2: Bueno, a veces uno se preocupa... pero... para todo debe haber una razón.

1: Ya, como dicen sus revistas, las he leído, ¿sabe? Dios, jehová, es mucho más grande y más sabio. Intentar comprender lo que piensa es como si una hormiga intentase comprender que pensamos nosotros...

2: Exacto. Pero podemos confiar en su sabiduría y tener fe en que él siempre nos mira.

1: Claro, como hago yo con el hormiguero del patio. Me pasé días mirando las hormigas tratando de distinguir las que eran buenas de las que eran malas. Pero parecían todas iguales... Así que las castigué a todas.

2: Pero eso no es...

1: Las castigué a todas con la manguera, con gas de un mechero, con un palo, con mi mano... y... no me di cuenta al principio pero luego me pasé con la pala. Las hormigas podrían haber rezado todo el día. Daba igual, no las habría oído. En realidad creo que no pudieran hacer nada.

2: Pero eso no es lo que dice...

1: Y con nosotros es igual. Tampoco podemos hacer nada por cambiar. ¿Por qué preocuparse? Ey, ahora estoy mucho mejor...

2: Bien, eso está muy bien, yo creo...

1: Creo que lo que debemos hacer es comportarnos como si tal cosa y no pensar en que dios pueda estar ahí arriba con una pala gigante.

2: Bien.. eso está... ¿bien?

1: Adiós...


Hace un gesto como de cerrar una puerta y se vuelve al centro del escenario y se va trasformando en el anciano. 2 al principio se muestra desconcertado por la conversación, luego vuelve al centro del escenario trasformado en anciano también.


1: Ha tenido que ser por eso.

2: Pero no es justo.

1: O por lo de Samuel.

2: Otra vez con Samuel... yo era un niño...

1: O por...

2: (Gritando) ¡Era un niño! Un niño... ¿Cómo se puede condenar a alguien por lo que hizo cuando era un niño? ¡Es absurdo!

1: A mi no me grites... yo no soy quien me ha mandado aquí...

2: Un niño, inocente, con pensamientos y actos inocentes. Luego crecí y fui una persona recta.

1: Siempre fui un niño. Lo de Samuel o lo de dios, siempre fue porque yo estaba encima de todo eso. Siempre era yo. Una imagen ante un público, pero siempre yo. Por eso este es mi infierno...


Pausa.


1y2: Así que este es el infierno. Mi infierno.

2: Un publico impasible.

1: Y yo solo con mis pensamientos.

2: Y yo solo con MIS pensamientos.

1: Pues no se está tan mal...

2: ¿Cómo que no se está tan mal?

1: Y ahora qué problema tienes...

2: Hace calor, nos miran, y mis propios pensamientos me molestan.

1: Bien, pues me voy.


Se gira, de momento no se va.


2: Pues vete.

Ahora 1 sí que se va.


2: Y ahora qué pienso... (se sienta). ¡No puedo pensar! Qué sensación más extraña. ¡No puedo pensar!


Un pelota sale rodando por el lateral por donde 1 se fue. 2 la para, sonríe. Por el lateral se asoma 1.


2: Pues bien, continuemos.


Telón.