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sábado, 19 de febrero de 2011

DORMIR, SUFRIR, MORIR

Dormir es un cuento que ya fue publicado, sin embargo forma parte de una especie de trilogía (tan de moda de un tiempo a esta parte) así que lo recupero y lo uno a los otros dos cuentos que de algún modo lo completan, o se autocompletan...

Dormir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, y se hacía realidad por que era ella quien trataba de despertarlo.


Sufrir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, ya que era el dolor de su muerte quien trataba de despertarlo.


Morir


“Déjame dormir un poco más, quiero ver el final de mi sueño. Es tan bello...” Y se dio cuenta de que el final del sueño había llegado, ya que era el dolor de su ausencia quien trataba de despertarlo.


jueves, 17 de febrero de 2011

OJOS VENDADOS


Cuento que surge de trabajar con la letra de la canción “Ojos Vendados”
de Loquillo y los Trogloditas

El dolor en sus muñecas era casi insoportable. Las ataduras que le aprisionaban las manos eran muy fuertes. Forcejeó. Pero eso empeoraba la situación, el roce con la carne de las cuerdas destrozaba la piel y se hundían en ella.
Sus ojos estaban vendados. Lo habían estado durante horas.
Trató de recordar, de hacer memoria. La carretera vieja. Un coche en la cuneta. Tres sombras haciendo señas para que se detuviera. Al bajar del vehículo, una paliza. Golpes hasta que quedó reducido en el suelo. Unas esposas. Unas cuerdas. Una capucha. Su cuerpo tendido en el maletero de su propio coche. Y un solo recuerdo, un solo pensamiento. Su amada le esperaba en el pueblo siguiente, en la plaza, en el banco bajo el nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. Y luego nada más. No recordó nada más.
Alguien entró en la sala. Al tratar de balbucear un grito de dolor sintió la mordaza. Gritó. Pero la tela en su boca amortiguó los sonidos hasta hacerlos casi inaudibles. Sintió entonces el dolor agudo en el estómago. Alguien acababa de golpearle con fuerza, tal vez la misma persona que había entrado en la sala.
Otras dos personas entraron después. Lo supo por que lo hicieron conversando despreocupadamente.
-Ha despertado.
-Estupendo. Daremos una lección a este violador de mierda.
El reo escuchó este breve parafraseo y trató de darle coherencia en su cabeza. No fue capaz. Un instante después recibió un fuerte golpe por encima del cuello. Cayó al suelo. Trató de gritar. Más golpes. En las piernas, en la cabeza, en el estómago. Pero las cuerdas y la mordaza estaban demasiado fuertes. No pudo defenderse. Se abandonó en el suelo y soporto como pudo el dolor, preguntándose por qué. Por qué estaba ocurriendo todo aquello. No obtuvo respuesta. Sus captores golpeaban en silencio y su cabeza, saturada, sólo le traía a la mente el recuerdo de su amada.
Lo levantaron. Una luz cegadora golpeó sus ojos. Le habían quitado la venda. Pero no pudo ver nada. Demasiadas horas sumido en la más profunda de las oscuridades. Demasiados golpes en la cara habían hinchado su rostro. Los captores sabían esto cuando le retiraron el trapo.
-Ahora vas a saber que se siente, hijoputa.
Y sintió como le bajaban los pantalones. Sintió como en poco tiempo había caído en un estado de indefensión y apenas podía poner resistencia. Sintió como le daban la vuelta y como lo colocaban de cintura para arriba sobre una mesa.
-Espera, quiero oírle gritar. Aquí no le escuchará nadie. Quiero oírle gritar.
Le quitaron la mordaza. La boca le dolía, se sentía los labios hinchados y la lengua completamente seca. Trató de balbucear algo, pero aún no podía. Ni siquiera sabía que decir.
Sintió algo duro y frío en su piel. Pudo adivinar que era como una barra metálica, o quizá un rastrel de madera, en su culo. Trató de resistirse al comprender que iba a pasar. Pero dos de sus captores lo retenían con fuerza. La barra se introdujo dentro suyo y esta vez sí pudo emitir un sonido: un grito desgarrador.
Unos minutos después ya no sentía la barra, aún así siguió gritando, dejándose la voz en cada aspiración. No sentía la barra, sólo sentía dolor y humillación.
-Esto no es suficiente. Quiero humillarlo aún más. Voy a penetrarlo yo, por mi hermana. Lo haré yo.
Sintió un cambio de posiciones en sus captores. El que tenía la barra la tiró al suelo, era metálica, lo supo por el sonido, y se colocó a su lado para asirle con fuerza.
El reo volvió a sentir en su culo una sensación de presión, parecida a la de antes, solo que esta vez más cálida. Quiso gritar más fuerte, mucho más fuerte. Pero esta vez trató de contenerse. Tan solo lloró. En silencio.
-¿Qué se siente, hijoputa, al ser violado? Cabrón de mierda... ¿qué se siente? ¿Le preguntamos a mi hermana?
-¿Por qué me hacéis esto? ¿Por qué? -Y entre sollozos, la última palabra se juntó con un grito. Esto debió excitar al captor. Sintió un liquido resbalando entre sus piernas.
Volvieron a ponerle la venda y la mordaza. Le subieron los pantalones y le dejaron tirado en el suelo. Él siguió llorando, y en su cabeza, el recuerdo de su hermosa chica, esperando, esperándole en la plaza, en el banco debajo del nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. El reo inocente había perdido toda esperanza. Jamás volvería a besar los labios de la mujer que amaba.
Los minutos se enmarañaron con las horas y perdió la noción del tiempo. Estaba inmerso en una gran pesadilla de golpes, y vejaciones, y violaciones, y maltratos, cuando sus captores entraron, discutiendo, en la sala.
-Pero ha tenido que ser él. Mi hermana lo reconoció.
-Pues está claro que se equivocó.
-¿Y que hacemos con éste?
-Le soltaremos. Ni siquiera nos ha visto la cara.
Y de pronto el silencio. Los tres captores miraron al reo, sentado en el suelo, ensangrentado, devolviéndoles la mirada. En un forcejeo había conseguido quitarse la venda y ahora les miraba fijamente.




http://www.youtube.com/watch?v=UWUeJ9SHb2A


miércoles, 2 de febrero de 2011

AMORES


"Soy torpe, nunca supe amarte de otro modo".


Y ella contempla la escena desde la entrada de un oscuro tunel. Al otro lado una luz intensa. Se giró y comenzó a caminar hacia ella.

martes, 11 de enero de 2011

PROMESAS SENCILLAS

Y él dijo: "Prometo hacerte feliz por el resto de tus días". Ella sonrió antes de sentir tras el pecho el último latido de su corazón.

jueves, 16 de diciembre de 2010

ILUSIONES

¿Qué haces aquí?
He venido por ti, a buscarte.
¿En serio?
Borra esa estupida sonrisa de tu cara, por supuesto que no.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

ATRAPADO EN EL TIEMPO

Ha inventado diversas maneras de morir. Se ha tirado por la ventana, se ha cortado, ha mutilado su cuerpo, se ha inflado a pastillas, se ha arrojado delante de un camión, ha saltado al vacío por un acantilado, se ha metido un pico y pico de heroína, se ha quedado en el garaje con el motor del coche encendido, ha comido setas extrañas, se ha metido en el mar un día de fuerte resaca, ha metido la cabeza en el horno... pretende innovar siempre que puede. Pero cuando se siente poco inspirado repite su muerte favorita, subirse al avión que sabe que se va estrellar. Invariablemente vuelve a despertar ese mismo día como si no hubiera pasado nada. Se encuentra inmerso en un ciclo. No sabe como romperlo. Y su adicción a la muerte no ha mejorado la situación, pero acorta esos largos días.

miércoles, 20 de octubre de 2010

NIÑO ESCLAVO

El niñito inocente toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. De vez en cuando mira la enorme puerta metálica de acceso a la nave. Tiene un plan al que lleva dando vueltas durante varios días y hoy lo pondrá en práctica. Mientras debe seguir trabajando en esa zapatilla. En su cabeza repasa mentalmente las acciones. Su estrategia es simple, pero esta se basa en la rapidez y en el efecto sorpresa, debe ser preciso. Y de pronto los grandes portones se abren y el hombre entra con las bolsas de la comida para él y el resto de los infantes trabajadores. El niñito aprieta con fuerza las tijeras, mira de reojo, y, cuando el hombre pasa a su lado salta abalanzándose sobre el gigante y le clava el arma improvisada en el cuello. La sangre salpica al chico en la cara. El hombre cae. El pequeño grita a sus compañeros. Estos no saben que hacer y en un principio sólo observan la escena sorprendidos. Y es cuando comprenden lo que acaba de ocurrir cuando tiran sus herramientas y salen corriendo. El niño con la cara salpicada es el último en salir. Mira con desprecio al hombre que permanece tendido escupiendo sangre, aun con los ojos abiertos, y en ellos una dulce mirada que el niño no es capaz de descifrar. El niño sale. Al principio debe esperar a que sus ojos se acostumbren a la luz. Pero cuando consigue ver el nuevo mundo que tiene ante si este se derrumba con violencia. Una imagen apocalíptica bombardea sus retinas. Y aunque aun es un niño es capaz de comprender, ahora y solo ahora, la dulce mirada del hombre. Ya no hay mundo fuera. La guerra lo ha destruido todo y ya no queda nada. El hombre, ahora moribundo y que va a dejar de ser hombre, prefirió mantener a los niños esclavos y con esperanzas de libertad que liberarlos a un mundo inexistente y desaparecido. Quizás no fue la mejor solución, pero fue una de tantas. El niñito gira sobre si mismo, regresa dentro de la nave, pasa al lado del hombre, que ya no es hombre, se sienta en su sitio, se limpia la sangre de la cara con la manga raída de su camiseta, toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. Debe seguir trabajando en esa zapatilla.


domingo, 17 de octubre de 2010

DOLOROSA ENFERMEDAD TERMINAL

El perro observa a su amo. Éste tiene el rostro triste, muy triste. El animal se acerca a él con el objetivo de animarlo. Mueve el rabo, inocente, tratando de sacar en su dueño una pequeña sonrisa. El hombre observa a su perro. Cierra los ojos. Suspira. Se agacha. Le acaricia. Sin sonreír. Posa una mano en la cabeza, otra sobre el lomo y, resignado, con un movimiento brusco, le retuerce el cuello.

sábado, 28 de agosto de 2010

BIENVENIDO AL INFIERNO

Como en otra ocasiones es una canción la que me dio una idea para un relato. En este caso, la canción es Welcome to Hell, de Ska-p, y es que la música es fuente de muchas de mis inspiraciones...


A partir del segundo día en el corredor de la muerte perdí la cuenta del tiempo. Llevo encerrado aquí lo que me parece varias veces mi vida. Alguien me susurró que casi unos cinco años, pero no hay manera de poder estar seguro. Antes pensaba en mi ejecución. Antes pensaba en el juicio que me trajo aquí. Antes pensaba en la detención. Ya no es así. Dejé de hacerlo. Un día dejé de pensar. Siempre he defendido que era inocente. Que no la conocía. Que ni siquiera estaba allí. Nadie me creyó. Ni tan siquiera mi familia. Nadie. Juré que no fui yo. Pero nadie me escuchó. Dejé de pensar en todo eso. Me abandoné. Los días empezaron a mezclarse debido a una rutina rigurosa impuesta por sabe quién que me permitía vivir sin vivir.

Y así hasta hace dos semanas que me notificaron la fecha de mi muerte, de mi ejecución, claro. Es hoy, en apenas tres minutos. De repente todo volvió a mi cabeza. Y por un momento casi enloquecí, pero recuperé el control de mi mente.

Estoy tumbado en una cama. Varias correas me mantienen inmovilizado. Me atraviesan el brazo con una aguja desinfectada, conectada a una maquina. Frente a mi un cristal. Tras él un montón de testigos de este crimen, asesinato por asesinato, salvo que yo no cometí ninguno de ellos. No puedo verlos, a los testigos, pero sé que están ahí, casi puedo oírlos respirar, murmurar, justificarse, llorar.

Esperamos, todos, una llamada que no llega.

De pronto lo veo claro. ¡Sí, fui yo! Yo la sorprendí. Yo la obligué a subir al coche. Yo la llevé a esa casa abandonada, ahora ya sé donde está. Yo la golpeé, la violé, la maté y luego volví a violarla, si es que se puede violar a los muertos. ¿Por qué lo había olvidado? ¡Sí, fui yo! Esto es justo.

La maquina se ha puesto en funcionamiento. Pero yo casi no me doy cuenta. Mi cabeza está trabajando a toda velocidad reconstruyendo los sucesos de aquella noche a toda velocidad. Me distraigo por un momento ya que una mezcla de varios líquidos pasea por dentro mío, desde mi brazo al resto del cuerpo. Pero mi cabeza vuelve a concentrarse. ¡Sí fui yo! ¡Yo lo hice! ¡Soy culpable!

Alguien ríe y alguien llora tras el cristal.

Y justo en el último momento, dudo. No puedo ya estar seguro de si todo lo que vi claro hace tan solo un momento es la historia de los recuerdos del hecho en sí o de las declaraciones, testimonios y reconstrucciones del juicio que me condenó. Con mi último latido de corazón, con mi última bocanada de aire, pongo en duda los pensamientos de mis últimos tres minutos. Y también los pensamientos de toda mi vida. Me pongo en duda a mí mismo. Bienvenido al infierno. El infierno del último momento, del último instante. Ya nada vale nada y todo ha dejado de tener sentido. Bienvenido al infierno.






http://www.youtube.com/watch?v=pdqTyH9SvzA

lunes, 16 de agosto de 2010

REALIDADES

El protagonista de mi relato me mira con odio.

"Me has jodido, por qué tuviste que inventar eso sobre mi, darme esa vida. Has jugado conmigo. Me has hecho sufrir. Yo solo quería ser normal. ¿Por qué lo has hecho?"

"Lo normal no es interesante. No es digno de ser relatado"

"Y el dolor... ¿es interesante? Y la venganza ¿lo es? Porque de ser así voy a incluirte en el relato. Ambos vamos a ser protagonistas."

Y el pánico, mi pánico, da paso a la resignación. La historia parece buena y promete. Alguien debe protagonizarla, qué mas da quien lo haga.