ATENCIÓN
martes, 1 de marzo de 2011
RENCOR
domingo, 20 de febrero de 2011
NUEVAS TECNOLOGÍAS
El hecho de que hable contigo por un chat no quiere decir que quiera verte. Prefiero recordarte como un fantasma entre los bits que como la mujer que me destrozó el corazón.
jueves, 3 de febrero de 2011
A LA ORILLA DEL MAR
sábado, 18 de diciembre de 2010
SAILEN PLIS
¿Cómo puedo quedarme contigo? No tenemos nada en común. Jamás podré mantener contigo los silencios que comparto con ella.
jueves, 16 de diciembre de 2010
ILUSIONES
miércoles, 20 de octubre de 2010
NIÑO ESCLAVO
El niñito inocente toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. De vez en cuando mira la enorme puerta metálica de acceso a la nave. Tiene un plan al que lleva dando vueltas durante varios días y hoy lo pondrá en práctica. Mientras debe seguir trabajando en esa zapatilla. En su cabeza repasa mentalmente las acciones. Su estrategia es simple, pero esta se basa en la rapidez y en el efecto sorpresa, debe ser preciso. Y de pronto los grandes portones se abren y el hombre entra con las bolsas de la comida para él y el resto de los infantes trabajadores. El niñito aprieta con fuerza las tijeras, mira de reojo, y, cuando el hombre pasa a su lado salta abalanzándose sobre el gigante y le clava el arma improvisada en el cuello. La sangre salpica al chico en la cara. El hombre cae. El pequeño grita a sus compañeros. Estos no saben que hacer y en un principio sólo observan la escena sorprendidos. Y es cuando comprenden lo que acaba de ocurrir cuando tiran sus herramientas y salen corriendo. El niño con la cara salpicada es el último en salir. Mira con desprecio al hombre que permanece tendido escupiendo sangre, aun con los ojos abiertos, y en ellos una dulce mirada que el niño no es capaz de descifrar. El niño sale. Al principio debe esperar a que sus ojos se acostumbren a la luz. Pero cuando consigue ver el nuevo mundo que tiene ante si este se derrumba con violencia. Una imagen apocalíptica bombardea sus retinas. Y aunque aun es un niño es capaz de comprender, ahora y solo ahora, la dulce mirada del hombre. Ya no hay mundo fuera. La guerra lo ha destruido todo y ya no queda nada. El hombre, ahora moribundo y que va a dejar de ser hombre, prefirió mantener a los niños esclavos y con esperanzas de libertad que liberarlos a un mundo inexistente y desaparecido. Quizás no fue la mejor solución, pero fue una de tantas. El niñito gira sobre si mismo, regresa dentro de la nave, pasa al lado del hombre, que ya no es hombre, se sienta en su sitio, se limpia la sangre de la cara con la manga raída de su camiseta, toma las tijeras de cortar cuero entre sus manitas y corta otra pieza. Debe seguir trabajando en esa zapatilla.
viernes, 15 de octubre de 2010
EVASIÓN
Como las ángeles al caer el sol, así me voy yo también a los bares. De hecho en las últimas horas de la tarde es cuando me encuentro con muchos de ellos en los diferentes garitos que frecuento. Ellos beben. Yo también. Ellos tratan de olvidar cuanto odian al altísimo. Yo trato de olvidar cuanto te odio a ti. Y ya al caer la noche ellos vuelven al cielo, borrachos, con su dios. Y yo regreso a casa, borracho, contigo.
miércoles, 6 de octubre de 2010
RECHAZO
jueves, 2 de septiembre de 2010
ALZHEIMER
miércoles, 18 de agosto de 2010
INFIEL
Entro en el cuarto oscuro y constato que realmente hace honor a su nombre. La penumbra es casi absoluta y apenas se ve. No es como otros en los que “cuarto oscuro” es tan solo un concepto. Me adentro en las tinieblas un poco arrepentido. Y es que no me gusta el motivo por el que estoy allí, venganza. Vengarme del daño que me hiciste con el mismo acto que me hirió.
Allí huele a hombre y a sudor, casi sabe a hombre y a sudor. Se escuchan jadeos, algunas risitas nerviosas y el extraño sonido de los cuerpos al rozarse. Me oriento con las manos pero estas tropiezan con un cuerpo húmedo. Me detengo, espero a que mis ojos se acostumbren a la oscuridad. Un último pensamiento acerca de si debería irme me ronda. Pero lo cierto es que me siento excitado. Un poco. Me lo reconozco a mi mismo y continuo. Busco y encuentro, de nuevo con mis manos, un sillón de cuero libre. Me siento.
Ahora estoy solo y espero. Sigo captando con 4 de mis sentidos (mis ojos siguen inservibles con tanta oscuridad) todo cuanto me rodea y pienso. Pienso en ti, jodido egoísta, en tu traición, en tu mentira. Éramos una pareja liberal. Casi perdí la cuenta de los tríos y orgías en las que hemos participado. Si querías que invitáramos a alguien a nuestras fiestas privadas te lo permitía, jamás te lo prohibí. Yo disfrutaba con ello. Disfrutábamos los dos. Incluso te permití irte con alguno de tus ligues si yo no me encontraba con ganas. Pero en esta relación liberal que manteníamos encontraste un resquicio para el engaño y la infidelidad. Me ocultaste tu relación con él. No se por qué lo hiciste, pero por eso estoy ahora aquí. Se que con esta estúpida reacción mía no conseguiré hacerte ni una mínima parte del daño que tú me hiciste a mi. Y sin embargo aquí estoy, dolido y excitado.
Por un momento decido abandonarme al destino. Si en los próximos minutos nadie se sienta a mi lado me iré acabando con esta estúpida rabieta. Y justo cuando acabo de tener este pensamiento alguien me besa en el cuello. Trata de besarme en la boca pero lo rechazo dejando claro que no deseo tanta intimidad. Él se recoloca. Baja hacia mi pantalón. Desabrocha los botones. Saca mi sexo por la bragueta. Me recuesto en el sofá. Disfruto. Por un momento me abandono al placer y no pienso prácticamente en nada más. Y de pronto soy consciente. Hay algo familiar en su modo de tocarme. Hay algo familiar en su modo de excitarme. Me recuerda a ti. Eres tú. Sí, eres tú. Estoy seguro. Te estoy siendo infiel contigo. Me corro preguntándome si tú te habrás dado cuenta de que soy yo. Si habrás descubierto mi olor, mi sabor, mi tacto. Me pregunto si sabrás que tú también me engañas conmigo o si seré uno más en tu lista de infidelidades hacia mi.
Me levanto, me abrocho los pantalones y me voy. Se que esperas algo a cambio de lo que acabas de hacerme. Pero no estoy dispuesto a dártelo ahora. Salgo de la sala decepcionado y humillado. Decido no hablar contigo del tema. También pienso en el siguiente paso en nuestra relación. Si sabes o no sabes lo que acabas de hacer no tiene en realidad importancia. Está claro que con independencia de ello, nada volverá a ser lo mismo.
jueves, 5 de agosto de 2010
EL MONSTRUO
1ª parte: El Monstruo
Sí, soy un monstruo. Una vez maté un gato, a pedradas. Éramos muchos niños. Todos tirábamos piedras. Yo lancé dos. Una no le dio. De eso estoy seguro. La otra no lo sé. El gato había caído y reinaba la confusión. No sé si mi piedra le golpeó. Eran muchas sobrevolando un blanco casi inmóvil. Así que no sé si le alcanzó. No estoy tan seguro. Quizá no le maté. Mis piedras, quizás, ni tan siquiera le tocaron. Pero yo estaba allí. Eso me hace igual de culpable. Me hace un monstruo.
2ª parte: El Engaño
-Ha sido genial.
-¿Tú crees?
-¿Por qué dices eso?
-He fingido.
-¡Anda ya!
-Es cierto.
-Yo también lo he hecho.
-Lo sé.
Silencio. Luego risas.
-Te quiero.
Silencio.
-¿Por qué nunca me dices “te quiero”?
-No lo sé.
-Pero me quieres.
-Sí.
-Pero no me lo dices.
-A veces pienso que si lo digo muchas veces perdería su significado.
-Pero no quiero que lo digas muchas veces. Sólo de vez en cuando. Sólo alguna vez. Sólo una vez.
Silencio.
-¿Yo lo digo muchas veces?
-No, por supuesto que no. Me gusta las veces que me lo dices.
-No entiendo por qué no eres capaz de confiar en mí.
Silencio. Pérdida de contacto visual. Silencio.
-Creo que si no confías en mí es porque tú tienes motivos para que no se pueda confiar en ti.
-No es eso.
-¡Entonces que es!
Silencio. Recuperación del contacto visual. Silencio.
-Me fastidia que conmigo te comportes así, que en nuestra relación camines siempre con esos pies de plomo. ¿Por qué no eres capaz de dar rienda suelta a tus sentimientos? ¡Que fluyan! Iría mejor. Lo vivirías todo con más intensidad.
-Ya lo hice una vez y me hicieron daño.
-Pero ahora es diferente.
-Lo sé.
-¿Y entonces?
-Antes di demasiado. Y me perdí muchas cosas. Ahora no quiero que pase.
-Nunca he querido que dejaras de hacer nada por estar conmigo.
-No es eso. No es que prefiera hacer otras cosas a estar contigo.
Silencio. Silencio. Silencio.
-¿Qué es lo peor que podría hacerte?
-No lo sé. ¿A qué te refieres?
-A algo que no pudieras perdonarme.
-Creo que podría perdonártelo todo.
-¡Venga ya! Algo tiene que haber
-No lo sé... que me engañaras, tal vez.
Silencio.
-Pero creo que podría perdonarte. Me han engañado otras veces, ¿sabes? Y he sido capaz de perdonar. Pero sólo lo haría si me lo contaras. No entendería que no me lo dijeras. Debes decírmelo.
-¿Por qué? ¿Por qué querrías saberlo?
-Por comprender, por justificar. Si me entero por otros motivos no habría modo de justificar nada. Pero reconocerlo, al contarlo, al contarlo, lleva consigo una explicación. Si la entiendo podría perdonar.
Silencio.
-¿Me has engañado alguna vez?
Silencio.
-¿Me has engañado alguna vez?
-Bueno...
-¿Bueno qué? ¿Qué quieres decir?
-No fue exactamente engañarte.
-No te entiendo.
-Sí, estuve con alguien.
-Cómo, quién, cuándo.
Silencio.
-Cuando.
Silencio.
-¿Antes de estar conmigo? ¿Salías con alguien cuando nos besamos la primera vez? ¿Después? ¿Hace mucho? ¿Poco? ¿Cuándo?
-Después de que nos besáramos la primera vez. Poco después. No estábamos saliendo. Tu y yo sólo nos enrollábamos.
-¿Y cuando se supone que comenzamos a salir?
Silencio.
-Quién es.
-No me hagas esto.
-Quién es.
-Es mejor que no lo sepas.
-Le conozco.
-No, creo que no.
-Pero tú si lo conoces.
-Trabajaba conmigo, pero ya no lo hace.
-Sí, sé quien es. ¿Os acostasteis?
-Sí.
-Una vez.
-No.
Silencio. Silencio.
-¿Has vuelto a salir con él?
-Nunca salí con él.
-¿Has vuelto a enrollarte con él, a acostarte con él?
-No. Déjalo ya. ¿Por qué me haces esto?
-Necesito saber más.
-Estás temblando. Ven aquí.
-Necesito saberlo todo. Cuándo paso, cómo pasó, dónde pasó... todo. Necesito saber la verdad.
-¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué necesitas saber la verdad?
-Porque soy un fan de la verdad. Porque la verdad me hace un ser humano. Porque la verdad me diferencia de los monstruos.
-Te prometo que si pasara de nuevo te lo contaré. Te prometo que hablaremos de esto si quieres. Te lo prometo. Pero ahora no.
Silencio.
-Lo siento.
Silencio.
-Te quiero.
3ª parte: La Ruptura
Mi corazón me pide que te perdone. Pero mi cabeza me pide que te deje. Tenías razón. La verdad, esta vez, no me ha ayudado.
Antes me habían engañado. Y había sido capaz de perdonar. Pero ahora ha sido diferente. Contigo he tratado de ser la mejor persona del mundo. He tratado de portarme bien. He tratado de ser un buen amigo, una buena pareja, un buen amante. Y he cometido errores. Y no todo ha salido como esperaba. Y nunca me arrepentí tanto de los errores.
Y aún así me has hecho daño. Te lo he permitido todo y me has hecho daño. Otras veces no era así. Y el daño que podían hacerme podía estar justificado. Esta vez no. Por muchas vueltas que le he dado... contigo no he encontrado justificación alguna. Estoy dolido, herido. No puedo tocarte, no puedo ni mirarte, mucho menos como lo hacía antes. Sé que no se debe dejar a alguien a quien todavía se quiere. Pero yo voy a hacerlo. Voy a dejarte. Por todo, no sólo porque me hubieras engañado y mentido. Es por todo. Me cansé de quedarme con las migajas de tu tiempo. He perdido la ilusión de estar contigo.
4ª parte: El Monstruo
He pagado a esa puta y no me la he podido follar. Simplemente no se me levantaba. Estaba un poco confuso. Hoy recibí una carta. Ella se había suicidado. Tal vez el conjunto de cosas me han distraído. La puta se rió. Bromeó con que no iba a devolverme el dinero. Me da igual la pasta. Pero ese comentario me hirió y me hizo comprender donde estaba y por qué estaba allí. Tuve asco de mí mismo y la golpeé. La golpeé varias veces. La maté. Tal vez todo estaba justificado. Pero yo estaba allí. Eso me hace igual de culpable. Me hace un monstruo.
martes, 3 de agosto de 2010
EL ARTISTA
El joven pintor debería haberse percatado de la inminencia de su muerte. Debería haber adivinado que pronto abandonaría este mundo brutal pero sutilmente asesinado. Debió haberlo hecho cuando aquel hombre sin escrúpulos compró la totalidad de sus pinturas. Y es que la obra de un artista se revaloriza tras su muerte, sobretodo si ésta se produce en condiciones extrañas, sin motivos aparentes y todavía, hoy, sin aclarar.