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jueves, 24 de febrero de 2011

SERIE NEGRA

Como fuente de inspiración para este cuento he usado el tema Serie Negra del grande Nacho Vegas extraído del disco El Tiempo de las Cerezas, grabado con el otro grande Enrique Bunbury


1.
Es algo que se viene repitiendo prácticamente desde siempre. Hace ya meses que no escribo una sola historia. Si bien en mi vida se han alternado periodos de productividad eficaz y eficiente con periodos de absoluta ausencia creativa, estos últimos son muchos más largos y desesperantes. Solo hay que mirar el folio en blanco sobre mi escritorio para averiguar que toca. Escribo unas cuantas palabras vacías, sin sentido, banales. Hago una bola con la hoja donde he escrito y que llena ya una papelera, que llena ya un cubo, que llena ya un contenedor, que llena ya un camión de la basura, que llena ya un vertedero... montañas y montañas de falta de inspiración. Me rindo por hoy. Es la hora en la que en las calles de la ciudad solo hay gente rendida y decido unirme a ellos. Y es uno de ellos el que me da la idea. "Existe un hombre, un investigador, que resuelve casos, que encuentra cosas, si has perdido algo, aunque sea la inspiración, él la encontrará". Sonrío. Asiento. No se qué mezcla extraña he bebido esta noche y qué me hace pensar que es una estupenda idea ponerme en contacto con ese hombre.
2.
El investigador, se hace llamar Nacho, ha sido lo suficientemente sensato como para citarme por la tarde. Traté de cerrar la contratación de sus servicios anoche en cuanto supe de su existencia, le hablé de mi problema, de qué servicios solicitaba. Y él me respondió que me hablaría de sus condiciones al día siguiente, hoy, por la tarde, ahora, en una cafetería, aquí, delante de un café bien cargado, éste. "Está seguro de que quiere que me encargue de su caso". Asiento avergonzado. Ya sereno jamás pensé en que hubiera aceptado, es más, llegué a pensar de que todo formaba parte de un mal sueño, pero el caso es que está aceptando y ahora deseo ver a donde nos conducirá todo esto. "Mis condiciones son simples. Usted pagará todos los gastos derivados de la investigación, los grandes gastos se los consultaré pero seré yo quien decida que es un gran gasto. Al final de la investigación le haré una factura en base a lo costoso de mis pesquisas. Si decide abandonar la investigación yo decidiré cuanto cobrar. Y por último, lo más importante, no cometo actos delictivos, es más, si descubro que usted está metido en algo turbio mi obligación será denunciarle, y dependiendo de lo que sea tenga por seguro que lo haré. ¿Está todo claro?". Vuelvo a asentir, se ha explicado a la perfección. "No se preocupe, ahora, su inspiración, su musa, esta perdida, pero si existe, si alguna vez existió, la encontraré. Y cuídese, se le ve muy deteriorado".
3.
"¿Se burla de mi?". Nacho me mira fijamente. En su mano hay un expediente con una pegatina, y en ella está escrito mi nombre y el de una mujer a la que no soy capaz de ponerle cara. Niego con la cabeza como respuesta a su pregunta. "¿En serio no sabe que es lo que vengo a contarle? ¿Qué es lo que voy a mostrarle en este expediente?". Vuelvo a negar. "Claro que no, si lo supiera sería usted un tarado. En ese caso, esto es lo que hay, tengo dos noticias para usted. Una es mala, y la otra es peor. La mala es que su antigua alma, su musa, su inspiración, ya no le pertenece, está muerta. La otra seguro que la ha adivinado. Ahí fuera ya le están buscando. Era mi condición, si descubría que estaba metido algo oscuro le denunciaría". Por un momento le miro sin comprender. Luego comprendo de que me acusa. Por último comprendo que tiene razón y varios recuerdos vuelven a mi cabeza y se instalan en ella como si siempre hubieran estado allí. Mi alma, mi musa, mi inspiración está muerta y yo la maté. La maté porque eso hace que pueda seguir escribiendo, pero ese efecto dura poco y de pronto me veo sumergido en ese periodo largo de improductividad. Nacho lo ha descubierto. Y me ha denunciado. "Ya ha tenido tiempo de asimilar la noticia. Ahora debe irse, la policía está al llegar. Yo solo lo denuncio, pero no me pagan por entregarle, no olvide que es usted quien me debe pagar". Le entrego el sobre con sus honorarios, salgo por la ventana, aun en el alféizar le escucho decir "Ha sido un placer hacer negocios con usted" y huyo por la escalera de incendios.
4.
Llevo días alojado en un sucio hostal. Como mobiliario una cama y un escritorio y una papelera llena de bolas de papel arrugado con escritos vacíos de contenido. Me sorprende ser aun un proscrito ya que no he variado en nada mis costumbres. Solo he cambiado el lugar donde duermo y escribo. Pero sigo durmiendo y llenando mundos de bolas papel sin nada decente escrito en ellos y por las noches sigo consumiéndome en los mismos lugares en los que lo hacía antes. Si bien es cierto que a esas horas todo el mundo se consume y nadie sería capaz de reconocerme. Ahora mismo estoy sentado en uno de esos lugares rodeado de perdedores que lo son tanto como yo. Casualmente escucho decir al camarero que va a cerrar el bar unos días, que va a reformarlo. Decido proponerle un negocio. Antes de que cierre quiero organizar una fiesta en ese sitio, la noche antes del cierre, una fiesta privada. Estoy cansado de esta situación y he decidido tomar las riendas. Necesito volver a escribir.
5.
Llevo días organizando la fiesta. Asistirán todas las personas a las que he amado, todas las que alguna vez me han servido de inspiración, mis musas, hombres y mujeres. Todos. Pensé en usar el teléfono para llamarlos e invitarlos. Sin embargo me pareció mucho más romántico escribir esas invitaciones. Son las primeras hojas en semanas que no acaban en la basura y eso me alegra. Todas son enviadas por correo ordinario. Hoy es el día. Decido llegar tarde a mi propia fiesta, ser el último en llegar y verlos a todos ya reunidos. Cuando entro en el bar no veo a nadie. Asistirán toda las personas a las que he amado... me pregunto por un momento si de verdad he amado a alguien alguna vez. Todos están muertos. Murieron por mis manos. Ese acto me servía de inspiración. Se que la policía está al llegar. Y allí les espero. Tengo unas cuantas hojas de papel y un bolígrafo. Mientras espero escribo como un loco esta historia. Por fin ha vuelto mi inspiración. Pero quién ha muerto para que vuelva a crear. Al escuchar a la policía atrincherandose en la puerta del local lo entiendo. Aún no he matado a nadie pero alguien va a morir esta noche. La policía me pide que salga, pero no puedo hacerlo, he de resistirme, aun estoy escribiendo. Amenazan con disparar si no salgo, disparad si queréis, pero yo sigo escribiendo.



http://www.youtube.com/watch?v=F0vtT3aJaU4

jueves, 17 de febrero de 2011

OJOS VENDADOS


Cuento que surge de trabajar con la letra de la canción “Ojos Vendados”
de Loquillo y los Trogloditas

El dolor en sus muñecas era casi insoportable. Las ataduras que le aprisionaban las manos eran muy fuertes. Forcejeó. Pero eso empeoraba la situación, el roce con la carne de las cuerdas destrozaba la piel y se hundían en ella.
Sus ojos estaban vendados. Lo habían estado durante horas.
Trató de recordar, de hacer memoria. La carretera vieja. Un coche en la cuneta. Tres sombras haciendo señas para que se detuviera. Al bajar del vehículo, una paliza. Golpes hasta que quedó reducido en el suelo. Unas esposas. Unas cuerdas. Una capucha. Su cuerpo tendido en el maletero de su propio coche. Y un solo recuerdo, un solo pensamiento. Su amada le esperaba en el pueblo siguiente, en la plaza, en el banco bajo el nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. Y luego nada más. No recordó nada más.
Alguien entró en la sala. Al tratar de balbucear un grito de dolor sintió la mordaza. Gritó. Pero la tela en su boca amortiguó los sonidos hasta hacerlos casi inaudibles. Sintió entonces el dolor agudo en el estómago. Alguien acababa de golpearle con fuerza, tal vez la misma persona que había entrado en la sala.
Otras dos personas entraron después. Lo supo por que lo hicieron conversando despreocupadamente.
-Ha despertado.
-Estupendo. Daremos una lección a este violador de mierda.
El reo escuchó este breve parafraseo y trató de darle coherencia en su cabeza. No fue capaz. Un instante después recibió un fuerte golpe por encima del cuello. Cayó al suelo. Trató de gritar. Más golpes. En las piernas, en la cabeza, en el estómago. Pero las cuerdas y la mordaza estaban demasiado fuertes. No pudo defenderse. Se abandonó en el suelo y soporto como pudo el dolor, preguntándose por qué. Por qué estaba ocurriendo todo aquello. No obtuvo respuesta. Sus captores golpeaban en silencio y su cabeza, saturada, sólo le traía a la mente el recuerdo de su amada.
Lo levantaron. Una luz cegadora golpeó sus ojos. Le habían quitado la venda. Pero no pudo ver nada. Demasiadas horas sumido en la más profunda de las oscuridades. Demasiados golpes en la cara habían hinchado su rostro. Los captores sabían esto cuando le retiraron el trapo.
-Ahora vas a saber que se siente, hijoputa.
Y sintió como le bajaban los pantalones. Sintió como en poco tiempo había caído en un estado de indefensión y apenas podía poner resistencia. Sintió como le daban la vuelta y como lo colocaban de cintura para arriba sobre una mesa.
-Espera, quiero oírle gritar. Aquí no le escuchará nadie. Quiero oírle gritar.
Le quitaron la mordaza. La boca le dolía, se sentía los labios hinchados y la lengua completamente seca. Trató de balbucear algo, pero aún no podía. Ni siquiera sabía que decir.
Sintió algo duro y frío en su piel. Pudo adivinar que era como una barra metálica, o quizá un rastrel de madera, en su culo. Trató de resistirse al comprender que iba a pasar. Pero dos de sus captores lo retenían con fuerza. La barra se introdujo dentro suyo y esta vez sí pudo emitir un sonido: un grito desgarrador.
Unos minutos después ya no sentía la barra, aún así siguió gritando, dejándose la voz en cada aspiración. No sentía la barra, sólo sentía dolor y humillación.
-Esto no es suficiente. Quiero humillarlo aún más. Voy a penetrarlo yo, por mi hermana. Lo haré yo.
Sintió un cambio de posiciones en sus captores. El que tenía la barra la tiró al suelo, era metálica, lo supo por el sonido, y se colocó a su lado para asirle con fuerza.
El reo volvió a sentir en su culo una sensación de presión, parecida a la de antes, solo que esta vez más cálida. Quiso gritar más fuerte, mucho más fuerte. Pero esta vez trató de contenerse. Tan solo lloró. En silencio.
-¿Qué se siente, hijoputa, al ser violado? Cabrón de mierda... ¿qué se siente? ¿Le preguntamos a mi hermana?
-¿Por qué me hacéis esto? ¿Por qué? -Y entre sollozos, la última palabra se juntó con un grito. Esto debió excitar al captor. Sintió un liquido resbalando entre sus piernas.
Volvieron a ponerle la venda y la mordaza. Le subieron los pantalones y le dejaron tirado en el suelo. Él siguió llorando, y en su cabeza, el recuerdo de su hermosa chica, esperando, esperándole en la plaza, en el banco debajo del nogal, como todos los viernes, tras salir de trabajar, esta vez, ajena a todo lo que ocurría. Esperando, siempre esperando. El reo inocente había perdido toda esperanza. Jamás volvería a besar los labios de la mujer que amaba.
Los minutos se enmarañaron con las horas y perdió la noción del tiempo. Estaba inmerso en una gran pesadilla de golpes, y vejaciones, y violaciones, y maltratos, cuando sus captores entraron, discutiendo, en la sala.
-Pero ha tenido que ser él. Mi hermana lo reconoció.
-Pues está claro que se equivocó.
-¿Y que hacemos con éste?
-Le soltaremos. Ni siquiera nos ha visto la cara.
Y de pronto el silencio. Los tres captores miraron al reo, sentado en el suelo, ensangrentado, devolviéndoles la mirada. En un forcejeo había conseguido quitarse la venda y ahora les miraba fijamente.




http://www.youtube.com/watch?v=UWUeJ9SHb2A


sábado, 28 de agosto de 2010

BIENVENIDO AL INFIERNO

Como en otra ocasiones es una canción la que me dio una idea para un relato. En este caso, la canción es Welcome to Hell, de Ska-p, y es que la música es fuente de muchas de mis inspiraciones...


A partir del segundo día en el corredor de la muerte perdí la cuenta del tiempo. Llevo encerrado aquí lo que me parece varias veces mi vida. Alguien me susurró que casi unos cinco años, pero no hay manera de poder estar seguro. Antes pensaba en mi ejecución. Antes pensaba en el juicio que me trajo aquí. Antes pensaba en la detención. Ya no es así. Dejé de hacerlo. Un día dejé de pensar. Siempre he defendido que era inocente. Que no la conocía. Que ni siquiera estaba allí. Nadie me creyó. Ni tan siquiera mi familia. Nadie. Juré que no fui yo. Pero nadie me escuchó. Dejé de pensar en todo eso. Me abandoné. Los días empezaron a mezclarse debido a una rutina rigurosa impuesta por sabe quién que me permitía vivir sin vivir.

Y así hasta hace dos semanas que me notificaron la fecha de mi muerte, de mi ejecución, claro. Es hoy, en apenas tres minutos. De repente todo volvió a mi cabeza. Y por un momento casi enloquecí, pero recuperé el control de mi mente.

Estoy tumbado en una cama. Varias correas me mantienen inmovilizado. Me atraviesan el brazo con una aguja desinfectada, conectada a una maquina. Frente a mi un cristal. Tras él un montón de testigos de este crimen, asesinato por asesinato, salvo que yo no cometí ninguno de ellos. No puedo verlos, a los testigos, pero sé que están ahí, casi puedo oírlos respirar, murmurar, justificarse, llorar.

Esperamos, todos, una llamada que no llega.

De pronto lo veo claro. ¡Sí, fui yo! Yo la sorprendí. Yo la obligué a subir al coche. Yo la llevé a esa casa abandonada, ahora ya sé donde está. Yo la golpeé, la violé, la maté y luego volví a violarla, si es que se puede violar a los muertos. ¿Por qué lo había olvidado? ¡Sí, fui yo! Esto es justo.

La maquina se ha puesto en funcionamiento. Pero yo casi no me doy cuenta. Mi cabeza está trabajando a toda velocidad reconstruyendo los sucesos de aquella noche a toda velocidad. Me distraigo por un momento ya que una mezcla de varios líquidos pasea por dentro mío, desde mi brazo al resto del cuerpo. Pero mi cabeza vuelve a concentrarse. ¡Sí fui yo! ¡Yo lo hice! ¡Soy culpable!

Alguien ríe y alguien llora tras el cristal.

Y justo en el último momento, dudo. No puedo ya estar seguro de si todo lo que vi claro hace tan solo un momento es la historia de los recuerdos del hecho en sí o de las declaraciones, testimonios y reconstrucciones del juicio que me condenó. Con mi último latido de corazón, con mi última bocanada de aire, pongo en duda los pensamientos de mis últimos tres minutos. Y también los pensamientos de toda mi vida. Me pongo en duda a mí mismo. Bienvenido al infierno. El infierno del último momento, del último instante. Ya nada vale nada y todo ha dejado de tener sentido. Bienvenido al infierno.






http://www.youtube.com/watch?v=pdqTyH9SvzA

martes, 24 de agosto de 2010

EL BUEN SICARIO


Evidentemente un karnotraficante no es un sicario... pero ambos matan por dinero... por eso escuchando el tema de Koma acabo escribiendo el siguiente cuento... se que no tienen mucho que ver, pero en justicia debía hacer la referencia oportuna. Por cierto, siento la publi, jijijiji.

Miro a los ojos del que se será mi último trabajo, mi última víctima. De sus ojos paso a mirar el material que usaré para mi ejecución. Las circunstancias me obligan a variar mi ritual por lo que me siento ligeramente ansioso. Tomo el sobre donde se encuentra el papel con el encargo. Leo el nombre de la víctima. Suena a sentencia.

-Tengo entendido que es usted el mejor.
-Sí, eso dicen.
-Y que jamás ha rechazado un encargo.
-Si es justificado nunca lo hago.
-Tengo su palabra...
-La tiene.
El hombre entrega un sobre y el dinero al sicario. Este saca del sobre una cuartilla de papel y lee. Su rostro se trasforma por completo.
-No puede estar hablando en serio.
-Dicen... dijo que jamás rechaza un encargo. Hay motivos. Hay dinero. Tenía su palabra.
-Por qué. Qué motivos.
-Mató a mi hermana.
El sicario duda. El sicario se resigna. El sicario acepta.

Miro a los ojos del que será mi último trabajo, mi última víctima. Tengo que usar un espejo, claro. De sus ojos paso a mirar el material que usaré para mi ejecución. Los cuchillos que he usado siempre no valen. Ahora usaré la cuerda que está sobre la silla. Las circunstancias me obligan a variar mi ritual por lo que me siento ligeramente ansioso. Mi ritual, el que me permitía sentirme seguro, el que daba sentido a mi trabajo. Modificado por este encargo tan especial. Tomo el sobre donde se encuentra el papel con el encargo. Leo el nombre de la víctima. Mi nombre. Y solo porque maté a una zorra, otro encargo. Pero es justo. Una vida por otra. Me abandono a lo poético de la situación. Leo mi nombre. Suena a sentencia. Mi propia sentencia.



http://www.goear.com/listen/d5d2bf3/karnotraficante-koma

viernes, 6 de agosto de 2010

CAPITÁN COBARDE

Recién sacadito del horno, el siguiente cuento surge de trabajar sobre el tema del genio Albertucho de igual título.

El capitán cobarde observa su propio barco hundirse a lo lejos desde la isla desierta donde naufragó. "Debería haber estado allí, hundirme con él" murmura arrepentido. Pero un aleteo sobre él, en lo alto, distrae su pensamiento por un momento abriendo la puerta a uno nuevo y distinto. Así a contraluz no distingue el ser que sobrevuela su cabeza. Por eso el capitán cobarde se pregunta "¿será el mismísimo Ave Fénix o tan solo un buitre carroñero? Da igual, sea como sea no merece la pena. De todas las maneras estoy muerto. Debería haber estado allí, hundirme con él".





www.youtube.com/watch?v=TyjcJpfGXY8