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martes, 13 de septiembre de 2011

AMORES POSIBLES

El clown miró al maniquí con cierto recelo.
-Ésta no es mi mujer. ¡No puede ser mi mujer!
-Lo se. Es... un maniquí...
-Si no es eso. Soy un payaso. Perfectamente podría enamorarme de un maniquí. Pero no de éste. Éste es frío. Le falta... ¡algo!
Y con suma delicadeza trasformó la nada que había en su mano en una nariz roja y redonda que puso con delicadeza en el maniquí.
-Ahora si.
Y volviéndose dijo:
-Os presento a mi mujer. Miradla. ¿No es preciosa?

sábado, 5 de febrero de 2011

HELL


100 entradas ya en mi blog... todo empezó con un cuentecito, sentencias, que jamás pensé que fuera a acabar en un escenario. Tiempo después escribí esta piecita, un poco clown, para llevarla a escena y, cosas que tiene esto de la creación, nunca llegó a llevarse a un escenario. Me parece justo que para celebrar estas 100 primeras entradas en mi blog sea precisamente este texto el que ocupe esa entrada número 100. El texto en sí es un poco sartriano (esta palabreja me la he inventado, jejeje) y hay fragmentos que son homenajes y adaptaciones, me parece justo matizar...



Dos niños entran en escena con una marcha fúnebre cantando una canción infantil con un tono muy tétrico “ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras”. Hacen un recorrido por el escenario y terminan de frente al público con el el fin del estribillo de la canción. Miran al público. Comienzan los juegos. Botan una pelota, revuelven, corren, enredan, se tiran del pelo, juegan con el público... En un momento los dos van al centro del escenario y empiezan a pintar en unos folios. Cuatro folios, en cada folio una letra, una letra que formará el título de la pieza teatral y que colgarán en el telón de fondo del escenario: “HELL”.


Una vez terminan los niños dejan de ser niños. Son ya ancianos. Dos ancianos, 1 y 2.


1y2: ¡¡El infierno!!

1: Así que esto es el infierno.

2: Pues no lo esperaba yo así.

1: Es oscuro.

2: Tétrico.

1: Pequeño.

2: Muy pequeño.

1y2: Y ahí hay gente que mira y observa.


Se miran. Se examinan.


1: No estoy nada mal.

2: Alguna arruga quizás.

1: Alguna cana.

2: Postura incorrecta.

1y2: Estoy bien, me encuentro bien.

2: Quizás el cartel esté equivocado. Quizás esto no es el infierno.

1: ¿Por qué pienso eso?

2: ¿Y por qué debería estar aquí?

1: No lo se...

2: Nunca hice nada malo.

1: Un niño modélico.

2: Un adulto ejemplar.

1y2: Un anciano entrañable.


Pasan unos segundos estáticos mirando al frente con la mirada perdida.


1: No creo en dios.

2: ¿Qué?

1: Eso, que no creo en dios.

2: ¿Y eso es motivo para mandar a alguien al infierno?

1: No lo se...

2: Es como que te fusilen por no creer en la dictadura.

1: Puede...

2: Además, sigo sin saber si realmente dios existe, quiero decir: Todavía no lo he visto, ni siquiera me ha juzgado.

1: Existe, claro que existe.

2: ¿Cómo estoy tan seguro?

1: Estoy en el infierno, ahí lo pone. Si hay infierno tiene que haber cielo. Y si hay cielo tiene que haber dios. Es lógico.

2: Pudiera ser... es lógico.


Pasan unos segundos estáticos mirando al frente con la mirada perdida.


1: Luego está lo de Samuel.

2: ¿Qué?

1: Lo de Samuel.

2: Y a qué viene Samuel ahora.

1: Que igual estoy aquí por Samuel.

2: ¿Por Samuel? ¿Qué dices? Si solo era un niño. ¿Qué tendría? ¿Tres años?

1: Cinco.

2: Aún así era un niño.


Aquí se produce un cambio. 1 cuenta la historia desde un personaje anciano y 2 desde un personaje niño. Ambos miran al frente.


1: Recuerdo a Samuel.

2: Lo había pedido de regalo de cumpleaños.

1: Un hermanito.

2: Quiero un hermanito para mi cumpleaños.

1: Para jugar con él.

2: Para quererlo... Y mis padres...

1: (Con voz de adulto exagerada) Que si, que pronto, que ya la cigüeña te va a traer pronto a tu hermanito como regalo de cumpleaños.

2: Y un día llegó.

1: Un tiempo antes de la fecha de mi cumpleaños.

2: Se ve que aunque las cigüeñas son las que marcan el día de tu cumpleaños luego olvidan y no saben mucho de fechas.

1: Samuel, mi regalo de cumpleaños.

2: Mi regalo de cumpleaños.

1: Allí estaba.

2: Gordo.

1: Pequeño.

2: Rechoncho.


Pausa.


1: Pronto me di cuenta de lo pretencioso de mi regalo.

2: Yo era demasiado pequeño y no me podía ocupar de él. De mi regalo.

1: Mis padres debían de hacer todo el trabajo, el trabajo más duro.

2: Así que a pesar de lo que quise ese regalo, de lo que lo quería, de lo que lo había deseado...

1: No podía dejar que mis padres se ocuparan de todo ese trabajo.

2: Y decidí deshacerme de mi regalo ahogándolo en el fondo de la bañera.


Pausa.


1y2: (Como niños) Samuel.


Pausa.


1y2: (Como ancianos) Samuel.

1: Era un niño.

2: No puede ser por eso.

1: Lo hice con buena intención.

2: No puede ser por eso.

1: Quería liberar a mis padres de todo ese trabajo.

2: No puede ser por eso.

1: De hecho no hacían mas que quejarse.

2: No puede ser por eso.

1: Entonces tuvo que ser por lo de no creer en dios.

2: ¿Tú crees?

1: Quizás, no lo se...


Aquí se produce un nuevo cambio. Esta vez 2 cuenta la historia desde un personaje anciano y 1 desde un personaje niño.


1: Recuerdo... yo tenía 13 años. Recuerdo a aquel testigo de jehová que vino a casa.

2: Primero habían sido los de la iglesia evangélica.

1: Sí, pero lo importante...

2: Quince minutos después fueron los mormones los que llamaron a la puerta.

1: Ya pero a lo que iba...

2: Estaba viendo bola de dragón y 17 minutos después, a mitad del capítulo, los de la secta esa vendiendo pasajes para la nave espacial.

1: Vale... Y por último los testigos de jehova.

2: (con voz de adulto forzada mostrando una amabilidad excesiva) ¿Está tu mama en casa?

1: No, por última vez, no.

2: Venía a traerle el último número de nuestra revista...

1: Tiene que liberar a mi madre.

2: ¿Qué? ¿Por qué?

1: Desde que mi madre lee su revista hace muchas cosas raras y... a mi me da miedo. No me gusta nada su religión. Desde que llegó a mi vida no hago más que pensar en cosas... ¿Qué clase de dios hace pensar a los niños incluso cuando no están en el cole?

2: Bueno, a veces uno se preocupa... pero... para todo debe haber una razón.

1: Ya, como dicen sus revistas, las he leído, ¿sabe? Dios, jehová, es mucho más grande y más sabio. Intentar comprender lo que piensa es como si una hormiga intentase comprender que pensamos nosotros...

2: Exacto. Pero podemos confiar en su sabiduría y tener fe en que él siempre nos mira.

1: Claro, como hago yo con el hormiguero del patio. Me pasé días mirando las hormigas tratando de distinguir las que eran buenas de las que eran malas. Pero parecían todas iguales... Así que las castigué a todas.

2: Pero eso no es...

1: Las castigué a todas con la manguera, con gas de un mechero, con un palo, con mi mano... y... no me di cuenta al principio pero luego me pasé con la pala. Las hormigas podrían haber rezado todo el día. Daba igual, no las habría oído. En realidad creo que no pudieran hacer nada.

2: Pero eso no es lo que dice...

1: Y con nosotros es igual. Tampoco podemos hacer nada por cambiar. ¿Por qué preocuparse? Ey, ahora estoy mucho mejor...

2: Bien, eso está muy bien, yo creo...

1: Creo que lo que debemos hacer es comportarnos como si tal cosa y no pensar en que dios pueda estar ahí arriba con una pala gigante.

2: Bien.. eso está... ¿bien?

1: Adiós...


Hace un gesto como de cerrar una puerta y se vuelve al centro del escenario y se va trasformando en el anciano. 2 al principio se muestra desconcertado por la conversación, luego vuelve al centro del escenario trasformado en anciano también.


1: Ha tenido que ser por eso.

2: Pero no es justo.

1: O por lo de Samuel.

2: Otra vez con Samuel... yo era un niño...

1: O por...

2: (Gritando) ¡Era un niño! Un niño... ¿Cómo se puede condenar a alguien por lo que hizo cuando era un niño? ¡Es absurdo!

1: A mi no me grites... yo no soy quien me ha mandado aquí...

2: Un niño, inocente, con pensamientos y actos inocentes. Luego crecí y fui una persona recta.

1: Siempre fui un niño. Lo de Samuel o lo de dios, siempre fue porque yo estaba encima de todo eso. Siempre era yo. Una imagen ante un público, pero siempre yo. Por eso este es mi infierno...


Pausa.


1y2: Así que este es el infierno. Mi infierno.

2: Un publico impasible.

1: Y yo solo con mis pensamientos.

2: Y yo solo con MIS pensamientos.

1: Pues no se está tan mal...

2: ¿Cómo que no se está tan mal?

1: Y ahora qué problema tienes...

2: Hace calor, nos miran, y mis propios pensamientos me molestan.

1: Bien, pues me voy.


Se gira, de momento no se va.


2: Pues vete.

Ahora 1 sí que se va.


2: Y ahora qué pienso... (se sienta). ¡No puedo pensar! Qué sensación más extraña. ¡No puedo pensar!


Un pelota sale rodando por el lateral por donde 1 se fue. 2 la para, sonríe. Por el lateral se asoma 1.


2: Pues bien, continuemos.


Telón.


jueves, 6 de enero de 2011

MENDIGO

Si te detienes un momento delante del mendigo que pide en la calle principal de la ciudad verás que su cartel reza:

"una limosna para este povre mendigo que por ser manco no puede travajar".

Ya al final de la tarde el mendigo, con un solo brazo, dobla trabajosamente el cartón donde está escrito su mensaje. Una vez doblado, y solo entonces, descubre su brazo oculto dentro de la chaqueta, lo mete por la manga, recoge sus bártulos y se va. Muchas veces he pensado en ese gesto, en lo trabajoso de la acción de doblar el cartel con un solo brazo. Solo puede haber una explicación. El mendigo, farsante, sí, al menos desea conservar la magia de su personaje hasta el último momento.

domingo, 12 de septiembre de 2010

EJERCICIOS DE IMAGINACIÓN

Tengo unas zapatillas geniales. Son rojas, grises, negras, raras y divertidas. Alguien dijo que son un poco “clown”, pero que daban miedo porque recordaban vagamente al payaso de “It” (su boca roja, y las cicatrices en la cara, aunque no recuerdo que ese payaso tuviera en su rostro ninguna marca... quizás bajo su maquillaje). ¿Puedes imaginarlas? Si, como a alguien que conozco, estas palabras disparan tu imaginación y curiosidad, te invito que aproveches esa inyección de creatividad y que busques un hueco, en tu tiempo y en un trozo de papel, para tratar de dibujarlas y que, aprovechando la conexión y telepatía que ambos tenemos, yo escribiendo y tú leyendo, me hagas llegar tus bocetos.

viernes, 20 de agosto de 2010

EL ACTOR MALO

La obra termina. Todos aplauden. Yo sonrío. Mi interpretación ha sido sublime y me siento culpable de la mayor parte de la ovación dirigida hacia los actores que ahora saludamos. Aún es pronto para pensar en que nunca podré superar la interpretación que he hecho hoy en escena. También por eso sonrío. Sí pienso, sin embargo, en que el villano, yo, que se ha movido hoy por el escenario será guardado en la consciente inconsciencia del público que ha asistido hoy al teatro. También pienso en los pobres infelices que no han asistido a la catarsis que hoy acaba de ocurrir.
Después de largo rato de aplausos casi ininterrumpidos el público comienza a abandonar el patio de butacas. Te busco con la mirada. Deseo compartir este gran momento contigo. Te encuentro. Corro hacia ti. Trato de abrazarte al llegar a tu altura pero tú me rechazas y me abofeteas con violencia pero sin fuerza, humillándome sin hacerme daño. "No sabía que podías ser tan cabrón. Eres una mala persona. Te odio." Te das las vuelta. Te vas. Aun tardo unos segundos en recomponerme y asimilar lo que acaba de ocurrir. Decido tomarme tu absurda reacción como un cumplido y te dejo ir. Disfrutaré este momento con otras personas. Ya arreglaré esto mañana explicándote que en realidad yo no soy así, no soy el villano, solo interpretaba... o quizás no...

lunes, 2 de agosto de 2010

MILLONES DE PALABRAS

Para celebrar mis mil primeras visitas publico uno de mis cuentos favoritos... Dicho cuento surgió en un taller de contar historias a partir de un poema de Jacques Prevert (desayuno) el cual incluyo al final del post...

MILLONES DE PALABRAS

La puerta de la cafetería se abre. Él entra. Con paso lento, pero firme, llega a la barra. Mira a lo largo de ella como buscando a alguien. No es así. El camarero se acerca. Hablan, él sonríe, como si tratara de ligar, o como si quisiese dar celos a alguien. Si es eso, sabe que no lo consigue. El camarero se dirige hacia la máquina de café. Coge una taza grande. En el dosificador pone dos cargas. Prepara el servicio y se lo lleva junto con el café cuando éste está servido. Junto a la taza deja una pequeña lechera de metal. Él se gira, observa el local lleno de gente, casi todas las mesas, no todas, están ocupadas. Se vuelve sobre sí mismo de nuevo, sobre el café. Vuelve a sonreír al camarero y éste le devuelve la sonrisa, como si tratara de dar celos a alguien. Si es eso, sabe que lo consigue. Él se sirve la leche, el azúcar, remueve con la cucharilla y se quema los labios por la precipitación. Respira hondo. Toma su taza y se acerca hasta mi mesa. Se sienta en la silla libre. Respira. Ya no sonríe. Está como ausente. Ni si quiera mira ya al camarero. De su abrigo, que ni si quiera se ha molestado en quitar, saca un paquete de tabaco de liar. También papel, también un mechero. Sin decir nada se lía un cigarrillo, lentamente, concentrado. Muy concentrado, o al menos eso trata de aparentar aunque no está seguro de para quien. Lo enciende, da un par de caladas, sus labios juegan con el humo. Apura el café, ya está casi frío. Posa la ceniza en el cenicero y deja también el cigarrillo. Se levanta. Mira hacia la puerta. Se va. Me imagino con la cabeza en mis manos, llorando, pero no lo hago. En cambio agradezco que no haya montado un numerito, hay demasiadas personas en la cafetería y siempre llama la atención ver a un par de maricones discutiendo. No sé si volverá a su vida heterosexual, o seguirá siendo un gay reprimido oculto bajo una fachada de bisexualidad. Sólo sé que en cualquiera de las vidas que elija yo no estaré. Eso me entristece y a la vez me alegra. Pienso en nuestra relación y me doy cuenta de que este encuentro en esta cafetería lo resume a la perfección. Él entra, y sin apenas mirarme, sin ni siquiera hablarme, se va. Se va sin pronunciar una palabra.




Dejeuner du matin

Jacques Prévert (1900 - 1977)


Il a mis le cafe

Dans la tasse

Il a mis le lait

Dans la tasse de cafe

Il a mis le sucre

Dans le cafe au lait

Avec la petite cuiller

Il a tourne

Il a bu le cafe au lait

Et il a repose la tasse

Sans me parler

Il a allume

Une cigarette

Il a fait des ronds

Avec la fumee

Il a mis les cendres

Dans le cendrier

Sans me parler

Sans me regarder

Il s'est leve

Il a mis

Son chapeau sur sa tete

Il a mis

Son manteau de pluie

Parce qu'il pleuvait

Et il est parti

Sous la pluie

Sans une parole

Et moi j'ai pris

Ma tete dans ma main

Et j'ai pleure.



Desayuno


Echó café

en la taza.

Echó leche

en la taza de café.

Echó azúcar

en el café con leche.

Con la cucharilla

lo revolvió.

Bebió el café con leche.

Dejó la taza

sin hablarme.

Encendió un cigarrillo.

Hizo anillos

de humo.

Volcó la ceniza

en el cenicero

sin hablarme.

Sin mirarme

se puso de pie.

Se puso el sombrero.

Se puso el impermeable

porque llovía.

se marchó

bajo la lluvia.

Sin decir palabra.

Sin mirarme.

Y me cubrí

la cara con las manos.

Y lloré.

martes, 20 de julio de 2010

LA CHICA DE LA CUARTA FILA

Un foco me ilumina por la espalda cuando el telón se abre de modo que mi rostro está sumido en tinieblas para el público. Los primeros acordes comienzan a sonar. Y de pronto todo se detiene. Todos, el público, los bailarines, tú, yo, todos contenemos la respiración. Y aunque la música sigue sonando, los instantes se suceden lentamente, casi estáticos. Y un movimiento nace desde lo más profundo de mi ser, pero yo lo mantengo, empieza a crecer dentro mío, pero yo lo mantengo, lucha por salir, pero yo lo mantengo, es casi un rugido, pero yo lo mantengo. Lo mantengo hasta que ya no puedo más, hasta que ese movimiento es lo suficientemente maduro como para permitirle que use mi cuerpo como lenguaje. Y en ese momento mi brazo se lanza al espacio rompiendo el vacío. Y tras el brazo, todo mi cuerpo. El resto de bailarines, que también habían aguantado su parte, ahora también me siguen con gracia y soltura. Por un momento nos sentimos, me siento utilizado por ese caprichoso movimiento. Pero me da igual. Me veo obligado a sentirme mecido entre segundos, entre notas, entre acordes. El resto de bailarines cae. Solo yo y otra mujer, otra bailarina quedamos en pie. Un abismo de cuerpos tendidos entre nosotros pero nos vamos acercando. Cuando estamos cerca uno del otro volvemos a domar el movimiento y lo retenemos, lo mantenemos. En ese momento la iluminación cambia y un foco alumbra nuestros rostros. Tú me reconoces al fin y yo sonrío. Todo el público piensa que mi sonrisa es dedicada a ellos pero tú y yo sabemos que no es así, es a ti. Permito entonces, y sólo entonces, que el movimiento salga de nuevo y la bailarina y yo interpretamos un duo caliente y sensual, abandonados completamente a eso que está dentro nuestro. La pieza toca a su fin y es en esos momentos cuando tú sientes el arrepentimiento. Tú, que estás sentada en esa cuarta fila, te arrepientes. Pero sentimiento y movimiento son similares y se trasforman con suma facilidad. Y el arrepentimiento torna en celos cuando mi último movimiento me empuja hacia la otra bailarina y esa coreografía finaliza con un beso.


domingo, 18 de julio de 2010

SENTENCIAS

Nos miramos a los ojos y rápidamente somos conscientes de que somos incompatibles. Y es una pena. Ella es preciosa, y yo, creo, no estoy nada mal. Pero no hay química. No hay magia. No saltan chispitas si se cruzan nuestras miradas o si nos rozamos la mano sin querer. Todo es genial, sí. Es divertida, alegre, y yo me muestro interesante. Se ríe mucho con mis chistes. Pero nuestros corazones laten tristes por la ausencia de otras personas.

El otro día me sorprendí a mí mismo imaginándomela desnuda. Y esa visión me dio asco. Me dio vergüenza y rápidamente borré esa imagen de mi mente. Ella debe hacer algo parecido porque a veces me mira fijamente y después se ruboriza. Y después baja la mirada. Y después se pone nerviosa. Y a mí me parece, cuanto menos, chistoso y sonrío. Y ella se da cuenta y se levanta y me dice que debe hacer algo y se va. Una vez dijo “he quedado”, inconsciente, como una frase ya preparada para deshacerse de alguien, esta vez de mí. No pude reprimir la risa y ella se enfadó. Tardé dos días en volverla a ver.


Eso de las frases preparadas lo hace mucho. Tiene un repertorio enorme de sentencias memorizadas de uso colectivo que suelta a veces sin pensar. Ayer, mismamente, me confirmó mi teoría acerca de que su corazón tampoco late con más fuerza al estar cerca de mí, al espetarme sin venir ni siquiera a cuento “yo te quiero mucho. Te quiero, pero como amigo. Es más, no me acostaría contigo ni aunque fueras la última persona en el mundo y el futuro de la humanidad dependiera de nosotros”. Y yo me reí. Esta vez con más fuerza. Me resulta curioso que diga eso teniendo en cuenta que un cataclismo ha destruido casi completamente la tierra y sólo un puñado de seres vivos ha sobrevivido, por lo que he podido constatar en sus periodos de ausencia, un par de cada especie. Y nosotros somos los representantes de la raza humana. Y esto me hace muchísima gracia y me río, casi con violencia. Y ella se ofende, y se va, meditando, seguro, que debe medir más sus palabras. Esta vez tardará más de dos días en volver, estoy seguro.