La mujer contempla el cadáver de su marido dentro del ataúd y es incapaz de derramar una sola lágrima, es más, casi debe contener una leve sonrisa. Se siente turbada, no hay motivo para esos sentimientos, y se sorprende por no poder llorar, a pesar de que es lo que lleva haciendo toda su vida. Junto a la caja, en cambio, hay una mujer de luto que llora sin consuelo, en silencio, pero evidente, en ese punto justo entre lo pertinente y lo no escandaloso que sólo logran las profesionales. Esta mujer no cobrará por sus servicios esta noche, hoy lo hace como un favor personal. La dama vestida de negro llama la atención del hijo de la mujer, demasiado pequeño para comprender lo que ocurre, que pregunta "Mama, quién es esa señora". Ella le responde "Es una plañidera". El niño curioso vuelve a preguntar "Qué es una plañidera". "Una plañidera... eso es la profesión de tu madre".
ATENCIÓN
ATENCIÓN: la percepción requiere participación
sábado, 12 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
ME QUEMA
Mi corazón está ardiendo. Mi corazón se quema. Y tú no estás. Mi corazón está envuelto en llamas y yo, mientras, pienso en ti. Te echo en falta. Te pienso. Te siento. Te añoro. Grito a tu ausencia y nadie me responde. Casi me asfixio. Duele y tú no estás. Soy consciente de que esto será mi fin. Me doy cuenta de que si estuvieras, si fueras, yo estaría salvado. No necesitaría más. Aliviarías mi sufrimiento. Pero conforme pasa el tiempo se va haciendo demasiado tarde. Excepto el último instante nunca es demasiado tarde. Pero ese instante está cada vez más cerca. Ya ha pasado mucho tiempo. Me arde, me quema, me abrasa. Mi corazón chilla y mi boca le da voz. Lloro, grito. Pero ya nada se puede hacer. Me muero. Y la habitación, envuelta en llamas, se consume y se muere también. Y después lo hará la casa. Y después lo hará todo el vecindario. Lo siento. Lo siento, mama, lo siento. No debí haberte robado las cerillas y no debería haber jugado con ellas. Lo siento. ¿Podrás perdonarme? ¿Me perdonarás el haber quemado todo?
miércoles, 9 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
GRANDES MALES
El niño-agua se evaporó una calurosa tarde de mayo y ya no regresó más. Este insólito hecho ponía fin a la, por otro lado absurda, discusión mantenida por sus progenitores acerca del grado de absorción de los pañales que debían usar para proteger y cubrir las vergüenzas de su vástago.
lunes, 7 de marzo de 2011
SONRISAS FELICES
Estaba terriblemente enamorado de su sonrisa, así que tuvo que hacerla reír por el resto de su vida.
miércoles, 2 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
RENCOR
Te odio, no te soporto. No siento más que desprecio absoluto por ti y por tu persona. Te aborrezco por lo eres, por lo que haces, por como te compartas, por lo que representas. Eres pequeño, ínfimo, ridículo, despreciable. Quiero que sufras, quiero que sientas dolor, que sientas asco, nauseas, quiero que te destruyas, quiero que mueras. Y sobretodo quiero que te arrepientas. Y por eso te beso.
lunes, 28 de febrero de 2011
SIN RUMBO
Llevo conduciendo durante horas. Después de discutir con ella salí con mi coche a perderme en la noche, conduciendo sin rumbo. Ya ni se donde estoy. Acabo de darme cuenta de algo, es la tercera vez que paso por este punto, sin embargo no tengo la sensación de estar dando vueltas ni de haber dado ningún giro. Sea como fuese está claro que me he perdido. Y de pronto oigo sirenas de ambulancias, bomberos y policías. Allí al fondo lo veo. Hay fuego y luces de colores. Las luces provienen de los coches oficiales, el fuego de un coche accidentado. Detengo mi vehículo delante del siniestro para satisfacer mi morbosa curiosidad. Al principio no comprendo nada. Poco a poco voy entendiendo. Es mi coche el que está envuelto en llamas y soy yo el que está tendido en el suelo a unos pocos metros del coche y a quien tratan de reanimar los enfermeros de la ambulancia. Arranco de nuevo mi coche sabiendo que todas esas maniobras de reanimación no servirán de nada y continuo conduciendo.
jueves, 24 de febrero de 2011
SERIE NEGRA
Como fuente de inspiración para este cuento he usado el tema Serie Negra del grande Nacho Vegas extraído del disco El Tiempo de las Cerezas, grabado con el otro grande Enrique Bunbury
1.
Es algo que se viene repitiendo prácticamente desde siempre. Hace ya meses que no escribo una sola historia. Si bien en mi vida se han alternado periodos de productividad eficaz y eficiente con periodos de absoluta ausencia creativa, estos últimos son muchos más largos y desesperantes. Solo hay que mirar el folio en blanco sobre mi escritorio para averiguar que toca. Escribo unas cuantas palabras vacías, sin sentido, banales. Hago una bola con la hoja donde he escrito y que llena ya una papelera, que llena ya un cubo, que llena ya un contenedor, que llena ya un camión de la basura, que llena ya un vertedero... montañas y montañas de falta de inspiración. Me rindo por hoy. Es la hora en la que en las calles de la ciudad solo hay gente rendida y decido unirme a ellos. Y es uno de ellos el que me da la idea. "Existe un hombre, un investigador, que resuelve casos, que encuentra cosas, si has perdido algo, aunque sea la inspiración, él la encontrará". Sonrío. Asiento. No se qué mezcla extraña he bebido esta noche y qué me hace pensar que es una estupenda idea ponerme en contacto con ese hombre.
2.
El investigador, se hace llamar Nacho, ha sido lo suficientemente sensato como para citarme por la tarde. Traté de cerrar la contratación de sus servicios anoche en cuanto supe de su existencia, le hablé de mi problema, de qué servicios solicitaba. Y él me respondió que me hablaría de sus condiciones al día siguiente, hoy, por la tarde, ahora, en una cafetería, aquí, delante de un café bien cargado, éste. "Está seguro de que quiere que me encargue de su caso". Asiento avergonzado. Ya sereno jamás pensé en que hubiera aceptado, es más, llegué a pensar de que todo formaba parte de un mal sueño, pero el caso es que está aceptando y ahora deseo ver a donde nos conducirá todo esto. "Mis condiciones son simples. Usted pagará todos los gastos derivados de la investigación, los grandes gastos se los consultaré pero seré yo quien decida que es un gran gasto. Al final de la investigación le haré una factura en base a lo costoso de mis pesquisas. Si decide abandonar la investigación yo decidiré cuanto cobrar. Y por último, lo más importante, no cometo actos delictivos, es más, si descubro que usted está metido en algo turbio mi obligación será denunciarle, y dependiendo de lo que sea tenga por seguro que lo haré. ¿Está todo claro?". Vuelvo a asentir, se ha explicado a la perfección. "No se preocupe, ahora, su inspiración, su musa, esta perdida, pero si existe, si alguna vez existió, la encontraré. Y cuídese, se le ve muy deteriorado".
3.
"¿Se burla de mi?". Nacho me mira fijamente. En su mano hay un expediente con una pegatina, y en ella está escrito mi nombre y el de una mujer a la que no soy capaz de ponerle cara. Niego con la cabeza como respuesta a su pregunta. "¿En serio no sabe que es lo que vengo a contarle? ¿Qué es lo que voy a mostrarle en este expediente?". Vuelvo a negar. "Claro que no, si lo supiera sería usted un tarado. En ese caso, esto es lo que hay, tengo dos noticias para usted. Una es mala, y la otra es peor. La mala es que su antigua alma, su musa, su inspiración, ya no le pertenece, está muerta. La otra seguro que la ha adivinado. Ahí fuera ya le están buscando. Era mi condición, si descubría que estaba metido algo oscuro le denunciaría". Por un momento le miro sin comprender. Luego comprendo de que me acusa. Por último comprendo que tiene razón y varios recuerdos vuelven a mi cabeza y se instalan en ella como si siempre hubieran estado allí. Mi alma, mi musa, mi inspiración está muerta y yo la maté. La maté porque eso hace que pueda seguir escribiendo, pero ese efecto dura poco y de pronto me veo sumergido en ese periodo largo de improductividad. Nacho lo ha descubierto. Y me ha denunciado. "Ya ha tenido tiempo de asimilar la noticia. Ahora debe irse, la policía está al llegar. Yo solo lo denuncio, pero no me pagan por entregarle, no olvide que es usted quien me debe pagar". Le entrego el sobre con sus honorarios, salgo por la ventana, aun en el alféizar le escucho decir "Ha sido un placer hacer negocios con usted" y huyo por la escalera de incendios.
4.
Llevo días alojado en un sucio hostal. Como mobiliario una cama y un escritorio y una papelera llena de bolas de papel arrugado con escritos vacíos de contenido. Me sorprende ser aun un proscrito ya que no he variado en nada mis costumbres. Solo he cambiado el lugar donde duermo y escribo. Pero sigo durmiendo y llenando mundos de bolas papel sin nada decente escrito en ellos y por las noches sigo consumiéndome en los mismos lugares en los que lo hacía antes. Si bien es cierto que a esas horas todo el mundo se consume y nadie sería capaz de reconocerme. Ahora mismo estoy sentado en uno de esos lugares rodeado de perdedores que lo son tanto como yo. Casualmente escucho decir al camarero que va a cerrar el bar unos días, que va a reformarlo. Decido proponerle un negocio. Antes de que cierre quiero organizar una fiesta en ese sitio, la noche antes del cierre, una fiesta privada. Estoy cansado de esta situación y he decidido tomar las riendas. Necesito volver a escribir.
5.
Llevo días organizando la fiesta. Asistirán todas las personas a las que he amado, todas las que alguna vez me han servido de inspiración, mis musas, hombres y mujeres. Todos. Pensé en usar el teléfono para llamarlos e invitarlos. Sin embargo me pareció mucho más romántico escribir esas invitaciones. Son las primeras hojas en semanas que no acaban en la basura y eso me alegra. Todas son enviadas por correo ordinario. Hoy es el día. Decido llegar tarde a mi propia fiesta, ser el último en llegar y verlos a todos ya reunidos. Cuando entro en el bar no veo a nadie. Asistirán toda las personas a las que he amado... me pregunto por un momento si de verdad he amado a alguien alguna vez. Todos están muertos. Murieron por mis manos. Ese acto me servía de inspiración. Se que la policía está al llegar. Y allí les espero. Tengo unas cuantas hojas de papel y un bolígrafo. Mientras espero escribo como un loco esta historia. Por fin ha vuelto mi inspiración. Pero quién ha muerto para que vuelva a crear. Al escuchar a la policía atrincherandose en la puerta del local lo entiendo. Aún no he matado a nadie pero alguien va a morir esta noche. La policía me pide que salga, pero no puedo hacerlo, he de resistirme, aun estoy escribiendo. Amenazan con disparar si no salgo, disparad si queréis, pero yo sigo escribiendo.
http://www.youtube.com/watch?v=F0vtT3aJaU4
EL CIEGO DE LA ONCE
El hombre empujó el carrito donde su hija dormía hasta la esquina. Allí estaba el ciego que día tras día le había vendido el cupón de la ONCE.
-¿Qué tal está hoy?
-Bien... y su hija... ¿No habla aún?
-Balbucea, nada más. Déme lo de siempre, ya sabe, un cinco.
-De acuerdo, pero... verá... necesito hablarle de algo. Invíteme a un café, le cuento y hoy no le cobraré el cupón.
El hombre vaciló un segundo. Pero no había desayunado aun esa mañana. Aceptó.
Ya en el bar, con dos cafés y una tostada, el ciego habló.
-Verá, ha ocurrido algo. Ayer, al ir a la oficina, quise improvisar un nuevo camino. Pero mi memoria espacial me falla a veces, y sin ojos... pues ya intuye... me perdí. Llegué tarde y no pude devolver los cupones no vendidos. A veces pasa y, aunque es un jaleo, el caso es que se pueden devolver al siguiente día. Sin embargo, la cosa no acaba ahí, al escuchar en casa el sorteo por la radio... Tengo tres cupones del número premiado. ¿Se lo puede creer? Son unos cuantos millones, de las antiguas pesetas, claro...
-Enhorabuena... parece que al final debería ser usted quien invite al café, ¿no le parece?
La niña, su hija, se revolvió en el carrito, pero siguió durmiendo. Nadie se dio por enterado. El ciego buscó con sus manos el café. Bebió un sorbo. Con las manos, de nuevo, buscó un lugar donde volver a dejar la taza. Continuó.
-Pues verá, no es tan sencillo. Ahora que lo dice, aun no voy a poder invitarle. Como le dije, tengo los cupones por una irregularidad. No puedo cobrarlos.
-Pues vaya... y qué piensa hacer.
-Ya lo estoy haciendo. Voy a pedirle ayuda.
-¿Perdón? ¿Cómo puedo ayudarle?
-Cobrando usted el dinero. Usted compra un cupón cada día. En realidad nadie sabe que compra solo uno. Podría comprar dos, o cinco, o tres, nadie lo sabe, nadie lo investigaría. Es lo habitual. Tan solo le darán la enhorabuena en el banco y le pagarán el dinero. Lo cobrará por mi. Por supuesto, le compensaré por ello.
-No es necesario que lo haga, de verdad, le haré encantado ese favor.
-Insisto en compensarle, sobretodo porque voy a pedirle mi parte por adelantado.
-¿Cómo?
-Quiero que me de una cantidad por adelantado- en ese momento el hombre se dio cuenta de que el ciego llevaba un rato jugando con un papel moviéndolo entre sus dedos. Se lo dio al hombre- quiero que me de la cantidad que figura en el papel. Yo le daré los cupones. Y usted podrá cobrarlos.
El hombre desdoblo el papel y leyó la cifra. La niña, su hija, volvió a moverse en el carrito. Tal vez tuviera un sueño inquieto.
-Pero esto es más de la mitad del premio...
-Usted no ha hecho nada, los cupones son míos.
-Lo se, pero... por qué tendría yo que darle nada, de hacerle el favor lo haría gratis, no necesito ninguna compensación.
-Verá, seamos sinceros, apenas le conozco, tan solo se de usted que me compra el cupón todos los días. No le conozco más que de eso, de venderle su cupón cada mañana. Nuestro encuentro diario no llega a durar ni 30 segundos de intercambio de palabras casi banales. En realidad prácticamente no se quien es usted. Es un completo desconocido para mi.
-No se fía.
-Por supuesto que no me fío de usted, ya sabe cual es el premio, es mucho dinero.
-Y entonces... ¿por qué me eligió?
-Es usted la primera persona a la reconocí como cliente habitual y ha venido sola a comprarme el cupón. Suerte, destino, según se mire. ¿No es lo que busca cada día al llevarse su cupón?
-Si, claro, además quiero ayudarle, y entiendo que no se fíe. Pero... lo que me pide es una cantidad elevada, no dispongo de tanto dinero.
-Sea sincero conmigo, por favor- parecía que el ciego le mirara- piensa que voy a timarle. A engañarle. Quedarme con su dinero. Pero no ha considerado todas las variables. En realidad me conoce más de lo que piensa. Le he vendido el cupón desde hace ya mucho tiempo. Puede localizarme en la ONCE. Allí pueden darle mis datos. Con el dinero que le pido sabe que no me compensa dejarle tirado. Sin embargo yo si tengo que pedírselo ya que no le conozco a usted, ni siquiera se donde vive ni como localizarlo. Además usted puede denunciarme si lo engaño, pero yo no puedo denunciarle a usted si se fuga con los cupones. ¿Lo entiende?
-Está bien, de acuerdo, no es un timo. Es cierto que desconfío, pero por otro lado soy sincero cuando le digo que no dispongo de esa cantidad de dinero.
-De acuerdo- el ciego se mostró comprensivo- le daré los cupones, vaya al banco, cobre el dinero, separe su parte y traiga la mía, yo esperaré aquí, con su hija.
-¿Pretende quedarse con mi hija como aval?
-Señor... debe entenderlo, necesito tener la absoluta seguridad de que va a volver. No entiende lo importante que es para mi. Le explicaré. Soy ciego desde muy pequeño. Me he enterado que hay un tratamiento experimental de momento ilegal. Tan ilegal que para que se me practique debo de conseguir por mi cuenta unas corneas en el mercado negro. Con ese dinero, con mi parte, podré pagar las corneas. Con ese dinero podré ver. ¿Entiende lo importante que es para mi?
Hubo un silencio. Al fin el hombre habló.
-Está bien, lo haré.
Casi una hora después el hombre salió del banco con una bolsa de deporte cargada de billetes. Aunque no dudo casi por ningún momento de la historia del ciego sintió una gran liberación cuando cruzó la puerta de la entidad bancaria con el “botín”. Entró en el bar con único pensamiento en la cabeza. En realidad no le hacía falta el dinero. Renunciaría a su parte. Es más, había decidido no comprar nunca más el cupón de la ONCE, todo estaba bien en su vida tal y como estaba y la ilusión de un premio ya no le emocionaba. No necesitaba ese cupón, no necesitaba la ilusión, no necesitaba el premio. Y de pronto el hombre se volvió tan ciego como el ciego. O como si se hubiera vuelto. Porque por mas que miraba no fue capaz de ver al ciego. Por supuesto, tampoco a su hija.
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